La trágica muerte de Alan García

El suicidio de Alan García enluta a su familia y a su país. Es el doloroso epílogo de una larga y accidentada carrera política, en la cual fue dos veces presidente del Perú. Su muerte debería servir como reflexión sobre las nefastas consecuencias de los sobornos de Odebrecht. La justicia peruana ha actuado de manera ejemplar para enjuiciar a todas las personas involucradas, comenzando por las más altas esferas del poder. Es un ejemplo que debería seguirse en Colombia.

El cáncer de la corrupción ha azotado especialmente a Perú. Pero no porque sea un caso aislado en medio de un mar de pulcritud. Por el contrario, gracias a una acuciosa labor de un grupo de funcionarios íntegros, que han tenido que afrontar todo tipo de presiones, se conoce la dimensión de este caso. Dos exmandatarios procesados que ya han pisado la cárcel, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski, otro más que se encuentra prófugo, Alejandro Toledo, y una excandidata presidencial en prisión preventiva, Keiko Fujimori, demuestran las profundas garras de Odebrecht. Alberto Fujimori, quien también está cumpliendo una sentencia de 25 años, responde por delitos relacionados con violación de derechos humanos y malversación de fondos. Lo que en otros países de la región se ve como la punta del iceberg, en el caso del Perú ha emergido con toda su magnitud.

La historia de Alan García es un buen compendio de lo que ha vivido su país en las últimas décadas. El grupo especial que investiga la trama Lava Jato ordenó su detención preventiva por 36 meses. En su caso, por una investigación por colusión, lavado de dinero y tráfico de influencias ligadas a la concesión de la línea uno del Metro a Odebrecht. García dijo en su último tuit: “Como en ningún documento se me menciona y ningún indicio ni evidencia me alcanza, solo les queda la especulación o inventar intermediarios. Jamás me vendí y está probado”. En el momento de su captura, a los 69 años, prefirió el suicidio a tener que afrontar la justicia.

Llegó al poder a los 35 años y gobernó entre 1985 y 1990 en nombre de su partido, la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). Su estilo populista le generó grandes simpatías y profundos odios. Las malas políticas económicas llevaron al país a una hiperinflación del 7.000 % y sufrir la embestida de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru, MRTA. Tras el autogolpe de Alberto Fujimori, y ante señalamientos de corrupción, se asiló en la embajada de Colombia, como en 1949 lo había hecho el fundador del APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre. Vivió varios años en nuestro país y luego en Francia. Tras su regreso al Perú volvió a ser presidente entre 2006 y 2011. Las cosas eran distintas a las que vivió en su primer período y, con un modelo neoliberal en lo económico, salió del cargo con una evaluación positiva.

A pesar de que se había ido a vivir a Madrid, debió retornar a Perú para responder por el caso que terminó llevándolo a acabar con su vida. Fuera del señalamiento por la adjudicación de la línea uno del   Metro, también se le acusó de recibir dinero de Odebrecht, amparado en la figura de honorarios por una conferencia. Esto llevó inicialmente a que se le prohibiera salir del país por 18 meses mientras se adelantaba la investigación. García intentó repetir su historia y solicitó asilo en la Embajada de Uruguay a finales del año pasado. El gobierno de dicho país consideró que no se trataba de un caso político y se lo negó. Esta era la situación hasta la orden de detención y el desenlace fatal del miércoles anterior.

La lección más importante de este caso es que, cuando la justicia opera y cuenta con la colaboración de aquellos que están detrás de los casos de corrupción, como Odebrecht, se puede enjuiciar y llevar a la cárcel a todos los integrantes de la cadena de sobornos. Importante lección que deberían seguir todos los países donde la empresa brasilera hizo sentir el daño ocasionado por sus corruptos tentáculos.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a [email protected].

Nota del director. Necesitamos de lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Por favor, considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra. 

851210

2019-04-20T00:00:00-05:00

article

2019-04-20T00:00:01-05:00

[email protected]

none

El Espectador

Editorial

La trágica muerte de Alan García

34

4839

4873

 

últimas noticias

El desespero de Nicolás Maduro

Un tribunal en Cali permite la censura previa