La vigencia de la ONU

Desconocer la importancia y vigencia de la ONU es regresar a la ley del más fuerte. / Foto: AFP

El presidente Juan Manuel Santos participó por última vez en una Asamblea General de la ONU. Se centró en el tema de la paz en Colombia e hizo referencia a los cultivos ilícitos y a Venezuela. También intervinieron Donald Trump y Emmanuel Macron, quienes lo hacían por primera vez, y el secretario general António Guterres. El organismo pasa un momento complejo, dado el creciente escepticismo de Trump ante lo que considera la ineficacia del multilateralismo. Vienen tiempos difíciles.

Para Santos fue la oportunidad de presentar, ante sus pares del mundo, los logros del concluido proceso de paz con las Farc, el que avanza con el Eln y lo que se está implementando dentro del posconflicto. El propio Guterres le dio un fuerte espaldarazo al expresar que la experiencia de Colombia era la “única buena noticia” que el ente mundial tiene para presentar, dado el enredo existente en el tablero de ajedrez internacional. Era importante destacar en este foro cómo, luego de tantos años de información negativa, como producto de la guerra y de las muertes producidas dentro del conflicto armado, ahora se podía recalcar que la noticia era la reivindicación de la vida. “No fue fácil. Terminar una guerra, superar los odios, vencer los temores implica un proceso complejo de diálogos y concesiones. Pero lo logramos, porque tuvimos voluntad y porque fuimos conscientes de una premisa fundamental: la paz es la condición necesaria para el progreso y la felicidad de cualquier sociedad”, dijo el presidente Santos. Tiene toda la razón.

Con referencia a Venezuela participó, junto a otros mandatarios latinoamericanos, en una cena de trabajo convocada por su homólogo de Estados Unidos. Tanto en la cena, como en su discurso, reiteró la gran preocupación que dicha situación genera en Colombia. “Nos duele Venezuela. Nos duele la destrucción paulatina de su democracia. Nos duele la persecución a la oposición política y la violación sistemática de los derechos de los venezolanos”. De esta manera se mantiene la posición del Gobierno frente a la muy compleja realidad venezolana y la forma en que el régimen dictatorial de Nicolás Maduro viene conduciendo al país. De hecho, el  presidente solicitó a Guterres que apoyara la búsqueda de una salida pacífica y negociada.

Frente al tema de los cultivos ilícitos, y tras la inaceptable amenaza de aplicar el mecanismo de la “descertificación”, reiteró su posición sobre la necesidad de buscar nuevos enfoques y estrategias para un problema compartido. Contrario a lo que pregona Washington, en un franco retroceso de lo alcanzado hasta el momento, se deben lograr consensos en materia de la no criminalización de los adictos, y ver el problema del consumo como un tema de salud pública y no de política criminal. No hay alternativa al respecto. Regresar al debate estéril de las recriminaciones mutuas implica retrotraer el enfoque a su consideración en los 90. Hay que actuar con sensatez sobre la base de la corresponsabilidad y la búsqueda de nuevas e imaginativas formas de enfrentar un flagelo común.

De allí que las palabras del presidente Donald Trump generen tanta preocupación. Su crítica directa a la ONU, y por ende al multilateralismo, abre una peligrosa puerta a las acciones unilaterales o a una “alianza de naciones soberanas” contra las amenazas globales. Allí es donde radica la gravedad de su posición personal. A pesar de las críticas al organismo mundial, algunas con fundamento, desconocer su importancia y vigencia es regresar a la ley del más fuerte. Retirarse del Acuerdo de París de Cambio Climático, así como desconocer el pacto nuclear con Irán, mantener un peligroso duelo verbal con el dictador de Corea del Norte, Kim Jong-un, y anunciar una posible intervención en Venezuela, no son los mejores augurios de lo que viene. “La vocación de América se mide en el campo de batalla; desde las playas de Europa y los desiertos de Oriente hasta las junglas de Asia”, dijo Trump.

 

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