Liberen a los adultos mayores

No debemos cometer el error de tratar con condescendencia a los mayores de 70 años, cuando la realidad es que estamos hablando de ciudadanos con plenas capacidades y que tienen derecho a ser respetados. / Foto: Gustavo Torrijos - El Espectador

No hay motivos para discriminar a las personas mayores de 70 años. El Gobierno Nacional y otros gobiernos han tratado a esta población con una condescendencia preocupante, pues las limitaciones de movilidad han sido más lesivas para ellos bajo la única excusa de que son población en riesgo. ¿Desde cuándo los Estados democráticos tienen la potestad de decirles a millones de personas cuáles riesgos pueden tomar y cuáles no, en condiciones desiguales con el resto de ciudadanos?

Dentro de la cuarentena, los niños y niñas, así como las personas mayores de 70 años, han llevado la peor carga. Su movilidad está más limitada que la de los demás colombianos y eso, en la práctica, los ha condenado a situaciones inhumanas y una frustración constante. Se han escuchado voces en todo el mundo de adultos mayores preguntando: ¿acaso no son personas? ¿Por qué quitarles la potestad de decidir? ¿Qué los diferencia del resto de ciudadanos?

La excusa dada es que después de cierta edad aumenta el riesgo de fallecer por coronavirus. Eso es cierto. Pero también es verdad que otras condiciones, como problemas previos del corazón o en los pulmones son factores de riesgo para personas de cualquier edad. ¿Por qué discriminar con base en cuántos años tiene alguien?

Una cosa es la cuarentena general, que ha sido necesaria, y otra es insistir en que los mayores de 70 años deben estar hipervigilados y restringidos. Si los adultos pueden salir a la calle en ciertas condiciones, esas mismas deberían aplicar para los viejos. ¿Que eso los pone en riesgo de contagio? Claro, lo mismo les ocurre a todos los que salgan. ¿Por qué no les damos la capacidad de tomar la decisión por su cuenta?

Es probable que pronto se levante la cuarentena, pero también es de esperar que haya futuras limitaciones a la movilidad. En esas políticas que se determinen por el bienestar de la salud pública no debemos cometer los mismos errores de tratar con condescendencia a los mayores de 70 años. Tratemos a toda la población en igualdad de condiciones y que cada cual, en su fuero íntimo, evalúe sus riesgos y debilidades.

También deberíamos erradicar del discurso público el uso de la palabra “abuelitos” para referirnos a esta población. Como muchos de ellos han dicho, se trata de una estrategia de infantilización que los despoja de la capacidad de tomar decisiones. La idea del “abuelito” pretende evocar ternura y debilidad, cuando la realidad es que estamos hablando de ciudadanos con plenas capacidades y que tienen derecho a ser respetados. “Cuidemos a los abuelitos” es una forma de disfrazar la vulneración a sus derechos fundamentales de la libre movilidad y la toma de decisiones.

¿Significa esto que debemos abandonar el enfoque diferencial para la vejez? Por supuesto que no: es claro que en esta población hay personas que necesitan ciertas ayudas con urgencia. Pero el punto es que ese asistencialismo no debe ir acompañado de una negación total de su voluntad. La condescendencia no puede ser la esencia de una política de Estado.

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