La licencia de maternidad insuficiente

¿Por qué son las mujeres las únicas encargadas por el Congreso de cuidar a los recién nacidos?

Es obvio que, más allá de atender la diferencia de desgaste biológico entre quien llevó consigo el embarazo y quien sólo acompañó, la ley parte de una visión sexista sobre cómo deben distribuirse las cargas en el hogar.

Injustificado escándalo se generó la semana pasada cuando el presidente de la República, Juan Manuel Santos, sancionó la ley que extiende la licencia de maternidad a 18 semanas para las madres biológicas, las adoptantes y los padres adoptantes que no tengan compañera permanente. Las críticas habituales, enfocadas en la supuesta pérdida de productividad en las empresas, distrajeron del verdadero debate de fondo: ¿por qué una ley con una concepción tan limitada sobre los roles de género en el cuidado de los recién nacidos?

A partir de ahora, todas las trabajadoras en estado de embarazo tienen una licencia remunerada de cuatro meses y medio. Como le explicó la pediatra Yesica Castillo a Noticias Caracol, esto “disminuye el riesgo o la mortalidad infantil y a su vez enfermedades tanto respiratorias como intestinales” en los recién nacidos, además de dar tiempo de merecida recuperación después del desgaste físico propio del embarazo y el parto.

Sin embargo, la ley se queda preocupantemente corta, y perpetúa estereotipos dañinos que sólo sirven para darle fuerza a la idea de que es mal negocio contratar mujeres en estado fértil. Nos explicamos.

Una de las críticas más comunes a las licencias de maternidad es que vuelven demasiado costoso para las empresas contratar a mujeres que puedan quedar en embarazo. Esto, sin embargo, no se soluciona, como proponen algunos, con eliminar por completo los permisos para los padres. ¿Queremos acaso, como sociedad, no reconocer la importancia que tiene el necesario cuidado de los recién nacidos? ¿No es apenas justo que las personas no tengan que tener miedo a perder su trabajo sólo por haber quedado en embarazo?

Es por eso que la ley se queda lastimosamente corta. Pudiendo prever que el prejuicio contra las mujeres en edad fértil existe, son varias las soluciones que estaban al alcance de los legisladores.

La primera es trasladar un poco la carga del costo de la licencia de las empresas al Estado. ¿Por qué no ofrecer incentivos para quienes contraten mujeres en estado de embarazo?

La segunda opción es una crítica a la filosofía detrás de la ley aprobada. ¿Por qué son las mujeres las únicas encargadas por el Congreso de cuidar a los recién nacidos? Es muy diciente que mientras se expandió la licencia para las madres, las de los padres permanecieron en ocho días hábiles. ¿Por qué?

Es obvio que, más allá de atender la diferencia de desgaste biológico entre quien llevó consigo el embarazo y quien sólo acompañó, la ley parte de una visión sexista sobre cómo deben distribuirse las cargas en el hogar. Como le dijo la Universidad de los Andes a la revista Semana, “no se puede incentivar desde el nacimiento que sean únicamente las mujeres las que están a cargo del menor, sino que se debe buscar que estos papeles sean compartidos”.

Especialmente porque salirse de esa visión de los roles puede ayudar a evitar el prejuicio contra las mujeres en edad fértil. Catalina Ruiz-Navarro propuso en El Heraldo, por ejemplo, que el tiempo de la licencia pueda dividirse, según lo consideren, entre el padre y la madre. En cualquier caso, expandir la protección legal a los hombres combatiría la dañina idea de que son las mujeres las principales encargadas de la crianza de los niños.

Sería útil que los legisladores empezaran a tener en consideración los debates complejos culturales que hay detrás de estas iniciativas, y no conformarse con pasar protecciones populares y necesarias, pero lamentablemente insuficientes.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a [email protected]

Temas relacionados

 

últimas noticias

Aviones en el vecindario

Cambio en la cúpula de las fuerzas armadas