Los colados en Transmilenio

Videos de colados en Transmilenio “yo gano más que usted” o de personas deteniendo las puertas anticolados del sistema “para ver si el alimentador viene” los han convertido en protagonistas de una nueva controversia y ha puesto a muchos a discutir sobre la posibilidad de tomar medidas para evitar que estos actos, digamos, de corrupción a pequeña escala, sigan ocurriendo.

"Hay que decirlo de primerazo: es lamentable que tengan que enseñarle a una sociedad, a miles de ciudadanos, a no robar. Que a miles de ciudadanos los pongan a hacer planas para que entiendan que colarse es malo. Porque colarse no es robar a un privado, como lo aseguran algunos para justificarse, sino a todos los ciudadanos que sostienen Transmilenio con el pago de los pasajes. Pero la gente cree que ese robo no es con ellos y por ello lo dejan pasar.

Hay una doble moral al respecto que se pone en evidencia, por ejemplo, al comparar a una persona que se cuela en Transmilenio con una que lo hace en una fila de un banco. Al primero, si al caso, le dicen algo; al segundo es muy probable que lo insulten e incluso lo golpeen. Al primer colado se le justifica; al segundo se le dice que cumpla con la norma y respete. Mejor dicho: pedimos que se cumplan las normas sólo cuando el incumplimiento de las mismas nos afecta. Si la injusticia nos sirve, nos hacemos los de la vista gorda. Si ocurre lo contrario, pedimos justicia. Muy convenientes.

Esta es una sociedad que, lamentablemente, se ha especializado en justificar los colados, la pequeña corrupción y la violación de normas cívicas. Hay quienes justifican al colado diciendo que el pasaje de Transmilenio es muy caro y que las personas no tienen recursos para pagarlo. Al justificarse, claro, todos los colados se denominan como “pobres”. Pero a estos hay que recordarles que el Distrito subsidia el tiquete de personas de bajos recursos, estudiantes y personas con discapacidad. Mejor dicho: que quienes en realidad no tienen para pagar el tiquete pueden acudir a las autoridades para que éstas les ayuden a acceder al servicio de una forma acorde con sus ingresos. Hay que fortalecer tales servicios, claro, sin afectar irremediablemente las finanzas del sistema.

Hay otros que dicen que se cuelan para, por así decirlo, protestar contra el sistema. Como si el sistema fuera a mejorar entre menos dinero reciba de sus usuarios. ¡Por favor! Los ciudadanos, por supuesto, tienen el derecho de protestar contra un servicio que consideren ineficiente, pero para ello se puede recurrir a otro tipo de medidas. Loable, por ejemplo, lo hecho por algunas ligas de usuarios y colectivos que han presentado propuestas para que Transmilenio mejore y en otras ocasiones se han acercado a las autoridades, a los concejales, para que tomen cartas en el asunto.

La pregunta es la siguiente: ¿si el sistema mejora va a haber menos colados? Probablemente no, porque, de nuevo, estos no son actos de protesta sino “avivadas” de una sociedad que sigue creyendo que eso de que “el vivo vive del bobo” es una fórmula para el éxito. Y en ese caso, hay que señalarlo con tristeza: probablemente el problema no se va a solucionar con puertas anticolados o medidas coercitivas. Quien quiere hacer la trampa va a encontrar miles de caminos para ello. La medida, en ese sentido, es que esta sociedad deje de querer hacer trampa, de buscarle la comba al palo. Vamos a seguir siendo la sociedad de los Nule mientras no se sancionen todos los actos de corrupción, sin importar su escala, sin importar si fueron miles de millones de pesos o una cifra irrisoria, y eso no hay puerta que lo ataje.

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