Los costos estratégicos de una traición

Estados Unidos cometió un error garrafal al traicionar a los kurdos, sus aliados en la lucha contra el Estado Islámico. / Foto: EFE

La decisión del presidente Donald Trump de retirarse militarmente de Siria y permitir que tropas turcas invadan el norte de dicho país, para atacar a los combatientes kurdos, desestabiliza esta zona del Medio Oriente. Dentro de su simplista visión del mundo, Trump altera el equilibrio de poder y fortalece la presencia de Rusia. Está por verse el resultado del urgente viaje del vicepresidente, Mike Pence, a Estambul para tratar de componer las cosas.

El anuncio de Trump, mediante un trino, como suele hacerlo con frecuencia, cayó como un baldado de agua fría a escala internacional y generó fuertes críticas en su país. No solo en la oposición demócrata, sino dentro de las propias filas republicanas. Esta torpe jugada cambia el tablero de ajedrez regional. Los traicionados kurdos de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), hasta hace una semana aliados incondicionales de Washington, decidieron buscar apoyo inmediato del régimen sirio de Bashar al-Ásad para enfrentar la arremetida de Turquía. Régimen, dicho sea de paso, al que habían combatido hasta hace poco, al igual que a los fundamentalistas de Estado Islámico (EI).

Si no se tratara de un asunto de tanta trascendencia, las cosas no serían tan preocupantes. Trump, dentro de su “gran e inigualable sabiduría” y contrariando todas las advertencias, dio a entender que los movimientos se llevarían a cabo sin mayores inconvenientes y esperaba que los turcos no se excedieran en el uso de la fuerza. Ingenua apreciación por parte del jefe de Estado del país más poderoso del mundo, que debe medir las consecuencias de cada una de sus decisiones, más aún si implican traicionar a un aliado y, de paso, fortalecer al gobierno dictatorial de Damasco y a sus partidarios en la zona, Rusia e Irán.

A pesar de que la Casa Blanca, presionada por congresistas de los dos partidos, decidió aplicar sanciones comerciales contra Turquía, el gobierno de Recep Tayyip Erdogan continuará con su ofensiva. Se ha mencionado que el objetivo es lograr una zona de ocupación de unos 30 kilómetros donde ubicarán a cerca de un millón de refugiados sirios que están en territorio turco. Para el efecto continuarán utilizando toda su fuerza militar para golpear y neutralizar a sus enemigos del SDF, avanzando dentro de territorio sirio y despejando esta franja para logar su objetivo estratégico, ante la retirada de Estados Unidos.

Esta crisis deja una vez más, ante la mirada cómplice del mundo, la dramática situación que padece el pueblo kurdo. Su historia se remonta a la terminación de la Primera Guerra Mundial y la forma en que Francia y Reino Unido, como potencias vencedoras, crearon algunos Estados en la zona sin importar dónde quedarían ubicadas importantes comunidades. Hoy en día los kurdos son el mayor pueblo que existe en Medio Oriente sin contar con un Estado propio. ¿Estarían Turquía, Siria o Irak, países que albergan la diáspora kurda, dispuestos a ceder parte de sus territorios para hacer justicia histórica y resolver de una vez por todas esta situación creando el ansiado Kurdistán? Nada indica que esto pueda suceder. Y Estados Unidos, el país que hubiera podido compensar a su aliado durante la guerra contra el EI y el régimen de al-Ásad, los traicionó.

Por otro lado, durante la guerra, el SDF había capturado a miles de terroristas del EI que estaban en cárceles custodiadas por los kurdos en el norte de Siria. En medio de los recientes combates, las cárceles quedaron sin custodia y cientos de peligrosos yihadistas podrán ahora deambular de nuevo por la región o por el mundo, cometiendo actos terroristas. Es decir, se habría logrado el resultado contrario a lo que se buscó inicialmente en la guerra contra el califato. De momento hay que esperar a que pasen los actuales acontecimientos para tener la real dimensión del daño causado en la región.

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Nota del editor: Este editorial se ediró para corregir quien era el enviado de EE. UU. a Turquía.

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