Los límites de la oposición

Se le vio muy seguro al expresidente Álvaro Uribe Vélez revelando por Twitter las coordenadas exactas en donde el Ejército suspendería operaciones por unas horas para sacar del Meta a miembros de la guerrilla y llevarlos a participar en la mesa de diálogos en La Habana.

Y muy seguro estuvo también ayer en su defensa: el hecho es “intrascendente”, dijo con desparpajo en diálogo con Blu Radio. Y, de paso, pretendió fijar la agenda, etiquetando lo que debería llamar la atención de la opinión, clasificando las cosas como buenas y malas: “lo grave no es revelar que hay operativos, lo grave es suspenderlos para darles más impunidad a los terroristas”. Qué pena con el señor expresidente, pero sus instrucciones nos lucen peligrosamente equivocadas.

¿Lo grave no es revelar que hay operativos? Imaginemos, por un momento, el escenario opuesto, uno en el que el presidente fuera Álvaro Uribe y un ciudadano influyente —y él lo es, aunque con tozudez se autocalifique como alguien “del común”— saliera a revelar información militar clasificada por una red social: ¿habría calificado ese hecho como intrascendente? ¿No hubiera mandado a todo el poder del establecimiento para abrirle una investigación penal por divulgación de información reservada o por, mejor, traición a la patria, como le gustaba decir? Muy rápido se le ha olvidado al señor expresidente cómo durante su largo gobierno fustigó con irresponsables estigmatizaciones a sus críticos.

Hay límites. Oponerse a las banderas de este gobierno —de todo gobierno— es válido, es necesario, resulta útil resaltar sus errores. Pero esas declaraciones o actos no pueden ir tan lejos como para poner en peligro la seguridad nacional. Ni, mucho menos, las vidas de los militares que el expresidente dice defender. De ese talante fue su intervención esta vez: una copia de una especie de comunicado del Ejército con coordenadas exactas, nombres de poblaciones y horarios de la suspensión de las actividades. ¿Intrascendente? No nos parece; en lo más mínimo.

Podría, incluso, ser encausado por esto. Ya lo dijo el abogado Jorge Eliécer Molano: el delito encajaría en el tipo penal contemplado en el artículo 194 del Código Penal, a saber, la divulgación de información reservada. De esa gravedad es el asunto.

También queda el gran misterio de cómo se enteró de esa delicada información. “Un allegado del Partido Comunista”, dice. Ahora, pues, como el procurador Ordóñez con sus porros, nuestros líderes andan en plan de chistosos. ¿Por qué un miembro del Partido Comunista tendría este tipo de información? ¿Por qué habría de compartirla de una forma tan detallada con el expresidente anticomunista? ¿Cuándo? ¿Cómo? Esto está muy lejos de ser un chiste.

Hace bien, entonces, el ministro Juan Carlos Pinzón en abrir una investigación para que se sepa cómo se dio esta preocupante filtración. “No son muchas las personas que manejan esta información confidencial”, dijo. Esa es la gravedad del asunto. No el cese temporal de actividades para una operación apenas lógica en un proceso de negociación en el exterior. Y, además, anunciada y hecha con el apoyo del Comité de la Cruz Roja Internacional. Más importante es saber cómo un “ciudadano común” se entera de esto y, de buenas a primeras, lo pone a circular para que todo el país lo vea.

Hay ciertos límites para hacer oposición. Y este parece ser un ejemplo de cómo se han traspasado impunemente.

 

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