Los mensajes cruzados sobre el puente en Chirajara

No son comprensibles ni responsables los constantes cambios en las decisiones que el Gobierno ha tomado sobre cómo enfrentar la situación del viaducto colapsado en Chirajara, en la vía al llano. Si lo que se pretende es no afectar la reputación de la ingeniería colombiana, objetivo que es razonable, no ayudan la falta de transparencia y los discursos enfrentados.

La semana pasada se supo que un grupo de ingenieros del Instituto Mexicano de Construcción, invitados al país para estudiar lo ocurrido, concluyeron que es posible que la tragedia fue causada por un error en el diseño. Además, advirtieron que en cualquier momento se podría derrumbar lo que queda del puente, poniendo así en riesgo a más personas.

Aunque Coviandes, la concesionaria responsable por el puente, está a la espera de los resultados de otra interventoría para tomar una decisión, el Ministerio de Transporte ordenó cerrar la vía. “Mientras estemos hablando de vidas humanas tendremos que tomar medidas como cerrar la vía, previendo que pueda tener un impacto calamitoso”, dijo el ministro Germán Cardona, con una posición razonable.

Sólo que luego ocurrió algo extraño: el presidente Juan Manuel Santos echó para atrás la decisión y dijo que se reabría la vía. La justificación, según el mandatario, fue que se reunió con todos los involucrados y llegó a la conclusión de que no había riesgos. Además, el cierre de la ruta implicaba pérdidas millonarias por todo el aceite de palma y carne, entre otros productos, que se transportan a diario por ese lugar.

Sin embargo, queda el sinsabor: ¿Por qué se tardó tanto en implementar un plan de seguridad para la vía? ¿Bajo qué argumentos técnicos se desestiman los hallazgos de los ingenieros y la advertencia que hacen? ¿Por qué hay tanto desorden en el Gobierno?

La cereza en el pastel fue una declaración del presidente, quien dijo que “por supuesto se han presentado problemas, que son normales dentro de un proceso de construcción de infraestructura tan ambicioso. Lo que pasó entre la vía de Villavicencio y Bogotá fue una tragedia, pero esas cosas suceden”.

Entendemos la importancia de proteger la ingeniería colombiana. No obstante, y sin resultados concluyentes por parte de un peritazgo independiente, ¿de verdad debemos sentirnos cómodos los ciudadanos con la idea de que el colapso de un puente es un hecho normal e inevitable en el momento de construir? ¿Qué gana el Gobierno tomando partido desde ya con las responsabilidades respectivas si la situación no está clara? ¿No es eso, además, irrespetar a las familias de las víctimas, que buscan claridad?

Esta es una situación muy compleja y por eso mismo debería estar siendo manejada con prudencia, transparencia y rigurosidad. Los mensajes cruzados de la semana pasada sólo atizan las dudas y la frustración.

El camino a seguir ahora es publicar los resultados de las investigaciones cuando estén listos, explicarle al país quién fue responsable y por qué, qué medidas se van a tomar para que estas cosas no pasen y cómo se va a reparar a las víctimas de la tragedia.

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