Los retos del nuevo fiscal

El nombramiento de Martínez ha servido para distensionar los discursos violentos que se construyeron sobre la Fiscalía durante el mandato de Montealegre y en los meses en que Jorge Perdomo fue fiscal encargado.

Los retos del nuevo fiscal, Néstor Humberto Martínez, necesitan de mucha transparencia y competencia para ser superados. / Andrés Torres

Después de varios aplazamientos, por fin la Corte Suprema de Justicia eligió al reemplazo del exfiscal Eduardo Montealegre. Néstor Humberto Martínez, el nuevo líder de la Fiscalía, es un candidato preparado para un período que será crucial para ese órgano y para el país.

Lo dijimos cuando el presidente Juan Manuel Santos anunció la terna de candidatos para el puesto de fiscal general de la Nación: todos tenían competencias suficientes para enfrentarse a una tarea poco sencilla. Era obvio, entonces, que el elegido sería una persona capaz. Y así fue.

El nombramiento de Martínez ha servido para distensionar los discursos violentos que se construyeron sobre la Fiscalía durante el mandato de Montealegre y en los meses en que Jorge Perdomo fue fiscal encargado. Da tranquilidad, por ejemplo, escuchar a voces dentro del Centro Democrático que se han autoproclamado perseguidos por una justicia politizada, saludando al nuevo fiscal y deseándole un buen período al mando de la institución. No porque, vale aclarar, tenga cabida el mensaje de que toda investigación contra una persona de oposición es persecución, sino porque el respeto debería ser la norma en el trato entre las instituciones, así no estén de acuerdo. Esperamos que esa actitud persista, así la Fiscalía continúe con procesos adversos a intereses individuales de ciertos líderes. Con argumentos podemos encontrarnos en las diferencias y ayudar a bajarle el tono violento al debate nacional.

Ahora bien, no todas las posiciones fueron abiertas al nuevo fiscal. Las críticas durante el proceso de selección se centraron básicamente en dos aspectos: la idea de que por su trabajo como abogado privado tendría muchos impedimentos y el escándalo que surgió por declaraciones que hizo sobre el delito de violencia intrafamiliar.

Sobre lo primero, ahora que ya está elegido, la opinión pública deberá juzgar a Martínez por sus actos. Si hay conflictos de intereses, esperamos los impedimentos. Lo clave es que las motivaciones del ente investigador siempre sean transparentes, especialmente cuando las denuncias por corrupción dentro de la Fiscalía han sido uno de los principales obstáculos para la consolidación de esa institución. Que desde el fiscal hacia abajo se muestre un compromiso con rendirle cuentas claras al país, más en un escenario de posacuerdo que va a requerir una participación protagónica del ente investigador.

Sobre las críticas de los colectivos de mujeres, lo que eso debe decirle al nuevo fiscal es que abra la puerta para diálogos constructivos donde todas las voces sean escuchadas. Más valioso que una Fiscalía en busca de los reflectores, como ha pasado, sería un ente investigador que construya sus políticas con intervenciones de la sociedad civil.

La amplia experiencia de Martínez en el sector público nos indica que tiene la capacidad de tomar la rienda de una entidad con muchos retos. Hay que seguir consolidando la modernización de la Fiscalía, continuar con los avances en los casos más importantes, dejar a un lado las dudas que genera cuando se vuelve una entidad arrogante y liderar las complejas discusiones que se vienen con la justicia transicional. Le deseamos, nosotros también, un buen período al fiscal. Si es así, gana toda Colombia.

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