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hace 12 horas

Más vergüenzas en el caso Merlano

Vale insistir, tras la afanosa y promocionada captura de la hija de Aída Merlano y la elusión de responsabilidad del Partido Conservador, que no todo vale en la justicia y en la política. / Foto: Policía Nacional

Después del vergonzoso escape de la exparlamentaria Aída Merlano, dos actores se sumaron a la lista de actuaciones lamentables: la Fiscalía General de la Nación y el Partido Conservador. La primera, con la captura afanosa y muy promocionada de la hija de Merlano y una argumentación pobre para justificar su actuar; el segundo, pretendiendo a toda costa eludir su responsabilidad por haber avalado a la organizadora de uno de los fraudes electorales más descarados en la historia del país. No todo vale en la justicia y en la política, aunque tantos parezcan querer olvidarlo.

Tan pronto ocurrió la fuga de Merlano, la Fiscalía empezó a sentir una presión enorme para dar resultados. Eso es apenas natural. Su labor, no obstante, es respetar las normas constitucionales y los principios del Estado de derecho, al tiempo que trabaja con eficiencia para darle respuestas a Colombia sobre los delitos que se cometen. Por eso, no deja de ser chocante ver el trato que se le dio a Aída Victoria Merlano Manzaneda, la hija de la exparlamentaria y prófuga Merlano. Sin tener motivos más allá de una presunta participación en la planeación del escape, el ente investigador ordenó su captura y, a la luz pública, pareció actuar con el objetivo de amedrentarla. Los derechos fundamentales de los colombianos no pueden olvidarse, ni siquiera cuando de por medio pueda haber delitos.

Lo mismo pensó la jueza 12 de Control de Garantías de Bogotá. Al decretar la libertad de la hija de Merlano, fue contundente: “Dice la Fiscalía que son un peligro para la sociedad, pero ambos carecen de antecedentes e investigaciones; la Fiscalía no actuó con transparencia, con lealtad. Grosera la actividad de la Fiscalía al haber solicitado las órdenes de captura ante dos jueces, a ver cuál de los despachos les aprobaba su petición”. El ente investigador, repetimos, no “actuó con transparencia, con lealtad”. Cuando se utiliza la fuerza del Estado para ordenar capturas sin justificación suficiente, se están adoptando prácticas propias de los regímenes autoritarios. Eso es inaceptable.

Por supuesto que hay que hacer todo lo posible por dar con Merlano y judicializar a sus cómplices. Pero si aceptamos que todo vale en esa lucha, estamos desarticulando las necesarias protecciones constitucionales al debido proceso. Sería renunciar a uno de los principios esenciales de nuestra sociedad.

Comentario aparte merece el Partido Conservador. Ya envuelto en el pasado en múltiples situaciones similares (como en Cartagena, por ejemplo), ahora con la fuga de Merlano demuestra que no tiene el más mínimo remordimiento. Su estrategia de avalar a personas que no son idóneas pasa por el hecho de que, cuando estas caen, el partido no responde. Hablando sobre la posibilidad de aplicar la “silla vacía” a la curul de Merlano, Ómar Yepes, presidente del partido, dijo que estos “son unas instituciones que son la suma de personas y cada quien asume su propia responsabilidad, las instituciones no son responsables a menos que se solidaricen con actos que en un momento dado fueron contrarios a la ley o a la moral”.

Lo que el Partido Conservador le está diciendo a Colombia es que sus avales no significan nada, pues ellos no tienen cómo garantizar que las personas que portan su escudo se comporten adecuadamente. Esa falta de humildad y de reflexión ante los errores es lo que permite, en últimas, que la democracia siga siendo saboteada por criminales del estilo de Merlano. Si a los partidos no les duele cuando sus avalados resultan violando la ley, ¿para qué existen como figuras supuestamente garantes de la democracia?

Es frustrante que en el escándalo de Merlano tantas instituciones hayan demostrado que su compromiso con las reglas y con la democracia es bastante frágil.

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