No armemos un circo

El sábado en la mañana, luego de que la Interpol emitiera una circular roja para que volviera a Colombia y respondiera por cargos penales en su contra, se entregó en Panamá la exdirectora del DAS María del Pilar Hurtado, quien hoy ya está en el búnker de la Fiscalía de Bogotá a disposición de las autoridades. Vuelve a abrirse entonces el empolvado expediente de las ‘chuzadas’, ese nefasto capítulo de nuestra historia reciente.

Desde ahora hacemos un llamado, tanto para el Gobierno como para la oposición uribista, de que lo que se discuta sobre el proceso contra la exdirectora del DAS María del Pilar Hurtado no se convierta en un circo político ni un rifirrafe de opiniones extremas y tendenciosas. Ya está bueno de eso y de, por demás, llamarlo “persecución política”: hay que recordar que las investigaciones en contra de Hurtado se iniciaron en el segundo gobierno del expresidente Álvaro Uribe y no en el de Juan Manuel Santos.

El fiscal Eduardo Montealegre ha acudido a los medios para invitar a Hurtado a que colabore con la justicia (cosa evidente, ya que son muchas las pruebas que tiene en contra suya). Invitación con la que, en principio, estamos de acuerdo, pero a la que le vemos un problema: la instancia procesal en la que Hurtado se encuentra es muy avanzada y eso implica una reducción en las posibilidades de llegar a un acuerdo. Hay que buscar los mecanismos adecuados para que esto se vuelva realidad y no simplemente un anuncio grandilocuente.

El tiempo corre, sin embargo, y se hace más que necesario subsanar estos cuatros años que hemos perdido como Estado y como sociedad. Acá no se juega el futuro de una pugna política entre el uribismo y el santismo, sino algo mucho más importante, más grande: la posibilidad de que la sociedad colombiana sepa a profundidad las razones por las que una central de inteligencia terminó interceptando ilegalmente a magistrados, periodistas y políticos de oposición. Esa es la nuez del asunto. Esa es la importancia de que Hurtado haya vuelto a este país. Que, de una forma u otra, despeje las dudas que sobre su labor se han levantado.

El de las ‘chuzadas’ no fue un simple escándalo pasajero. Fue un golpe a la institucionalidad colombiana. Un abuso del poder para con la sociedad. No es esto una cacería de brujas, ni mucho menos, sino una necesidad de la ciudadanía colombiana de saber qué pasó y quiénes estuvieron detrás de todo esto. Hay demasiadas preguntas: quién ordenó las interceptaciones, quién participó en el montaje del paramilitar alias Tasmania, contra el magistrado Iván Velásquez, entre otras. Por eso mismo, el proceso restante debe ser asumido con entereza y no con el interés de convertirlo en un arma política.

Por favor, no armemos un circo con todo esto. En juego está la posibilidad de que lo sucedido con las llamadas ‘chuzadas’, un episodio nefasto de la historia colombiana, no quede envuelto en el mismo halo de impunidad en el que han quedado capítulos tan importantes de la historia colombiana como el magnicidio de Luis Carlos Galán o la toma del Palacio de Justicia. Podría ser este, con menos espectáculo y más efectividad, un capítulo concluido que, más que preguntas abiertas, deje respuestas para emprender acciones.