No más pólvora, por favor

Colombia debería poder pasar un mes entero de celebración sin que haya reportes de vidas afectadas por culpa de la pólvora. Sin embargo, y pese a los notables esfuerzos de las autoridades nacionales y regionales, diciembre sigue siendo el mes con más quemados en el año. ¿Cómo lograremos que triunfe el sentido común?

Las cifras son, como todos los años, preocupantes. Según el Instituto Nacional de Salud (INS), hasta el jueves pasado se habían denunciado 256 casos de lesionados por culpa del uso de la pólvora. Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca son los lugares del país con más casos, con 28 heridos cada uno.

Además, la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Karen Abudinén, le dijo a RCN Radio que son 129 los casos de menores de edad con alguna lesión en sus cuerpos.

Según la funcionaria, “hemos hecho acompañamiento en todas las regionales y municipios, sensibilizando y concientizando a los padres de familia para no darles pólvora a nuestros niños”.

En efecto, en varias ciudades del país se han visto los esfuerzos publicitarios educativos realizados por las administraciones. Por ejemplo, en Bogotá, desde inicios de mes hay campañas ambiciosas de sensibilización. Todas apuntándole a lo mismo: no tiene sentido dañarse las fiestas por el mal uso de la pólvora.

Y aun así, los casos siguen ocurriendo. Por eso también es bienvenida la noticia de Abudinén sobre los 115 casos a los que se les iniciaron procesos de acompañamiento por la presencia de heridas. De esos, 60 ya están en procesos administrativos que buscan garantizar que se protejan los derechos de los menores porque los padres parecen incapaces (o no tienen la voluntad) de hacerlo.

Sin embargo, es necesario hacer la pregunta: ¿de verdad necesitamos que el Estado utilice toda su fuerza para castigar la negligencia de los padres? ¿Y cómo hacemos con los adultos?

El problema necesariamente se convierte en un asunto de cultura ciudadana. ¿Por qué se sigue comprando pólvora? La oferta, como se ha visto, es imposible de censurar completamente, por lo que todo recae sobre el sentido común de los compradores.

Todas las familias del país deben tener estas conversaciones de manera franca. Son muchos los que compran pólvora sintiéndose invencibles, creyendo que los casos trágicos no les pueden ocurrir. Es esa arrogancia, tristemente, la que precede a todos los casos. Necesitamos que el compromiso con evitar el peligro sea contundente y compartido por todos.

Además, no es mala idea aprovechar los espacios autorizados para disfrutar de espectáculos de juegos pirotécnicos auspiciados por las alcaldías y gobernaciones. No sólo es una oportunidad para aprovechar la inversión de los recursos de todos los ciudadanos, sino que son espacios mucho más interesantes que lo que un individuo pueda hacer con pólvora ilegal.

Las fiestas deben ser un momento de encuentro y celebración sin temores. De todos depende que año tras año sean menos los heridos, para que no se asocie a diciembre con hechos fácilmente evitables.

 

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