¿Cómo responder a los retos en materia de medio ambiente y desarrollo sostenible?

hace 2 horas

No más ternas

Es momento de replantear el uso de las ternas como mecanismo de elección de los funcionarios en altos cargos del Estado, como la Corte Constitucional. La elección de los nuevos magistrados del alto tribunal que se dio la semana pasada demostró que la balanza está inclinada hacia un tipo particular de candidato. Ganaría Colombia con procesos más transparentes donde la responsabilidad política de los elegidos no pueda disimularse.

Mauricio González Cuervo, magistrado de la Corte Constitucional, llegó al alto tribunal después de haber sido secretario de la Presidencia de Álvaro Uribe, quien lo ternó para el cargo. Durante su período como magistrado ha tenido que declararse impedido en una cantidad considerable de procesos. Este problema, que se denunció durante su proceso de confirmación, no fue suficiente para evitar su nombramiento. Era de esperarse: su cercanía con el entonces presidente, que además tenía inevitable influencia en el Congreso, le aseguró los votos para llegar al tribunal. Sin embargo, en la práctica eso significó que no pudo desempeñar su labor en muchos casos. ¿Quién le responde al país por esa situación?

En aquel entonces, las otras candidatas de la terna, Ilva Myriam Hoyos y Cristina Pardo, renunciaron por considerar evidente que se trataba de una “terna de uno”. Paradójicamente, Pardo acaba de ser elegida como magistrada de la Corte Constitucional después de haber sido secretaria jurídica del presidente Juan Manuel Santos. La coalición del Gobierno la puso en el alto tribunal. También se plantean dudas sobre sus posibles impedimentos a futuro.

Más allá de cuestionar las calificaciones de los candidatos elegidos, la pregunta es si la utilización de ternas no es una distracción innecesaria para debates que deberían ser más transparentes. Sólo este año hemos visto a reconocidos académicos de la talla de Isabel Cristina Jaramillo, Natalia Ángel Cabo y Rodolfo Arango darles legitimidad a ternas en las que entran a competir en desventaja por no tener los mismos contactos políticos que tendría, por citar el mismo ejemplo que hemos usado, un exfuncionario de Presidencia.

Además, porque, más allá de enviar el mensaje de que en el país es mejor hacer una carrera cercana a la política que a la academia independiente, las ternas permiten que los nominadores se laven las manos y se diluyan las culpas al momento de rendir cuentas. En casos como el de Jorge Pretelt, por ejemplo, ¿no debería haber responsabilidad política directa de quienes lo nominaron y eligieron?

Adoptar un mecanismo similar al de Estados Unidos, donde sólo se nomina a un candidato, pone las cartas sobre la mesa y permite que el debate se centre en la idoneidad de su experiencia. Si el presidente o la Corte Suprema de Justicia quieren nominar un candidato que ha sido cercano a ellos o al Congreso, lo pueden hacer, pero que ese también sea uno de los puntos centrales del debate, ya sin el comodín de que haya dos personas más con perfiles distintos en la terna. De esta manera, y con votaciones públicas, los colombianos sabrán exactamente quiénes fueron los responsables de elegir a determinada persona, además de conocer la justificación para que esté allí, y juzgar si fue una decisión correcta para la fortaleza de las instituciones colombianas o no.

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