No podemos fallarle a Sergio Urrego

La indignación nacional fomentada por el caso trágico de Urrego ha sido seguida por años de aparente indiferencia. / Foto: Óscar Pérez - El Espectador

Dos años después de haber sido condenada, Ivonne Andrea Cheque les ofreció disculpas a Sergio Urrego y su familia. Se trata de un necesario acto de reparación que llega mientras la justicia colombiana está a punto de fallarle a la memoria de Urrego y el país no ha sido capaz de enfrentar con seriedad una discusión sobre cómo proteger y respetar la diversidad en nuestros colegios.

Cheque era la psicóloga del Gimnasio Castillo Campestre, colegio al que asistía Urrego. Junto con la rectora de esa institución, Amanda Azucena Castillo, llevó a cabo una serie de agresiones contra el joven y su pareja únicamente porque no veían con buenos ojos el hecho de que fuesen dos hombres expresándose afecto.

Dentro de los actos más violentos cometidos por Cheque estuvo obligar a los jóvenes a contarles a sus familias sobre su orientación sexual. Las personas, incluyendo los menores de edad, tienen el derecho a la intimidad y la privacidad: son ellos, y solamente ellos, quienes deciden cuándo contarles a sus familias, e incluso tienen la opción de nunca hacerlo en un país donde los prejuicios siguen creando hostilidad para las personas gais, lesbianas y bisexuales. Hablando de identidad de género, también ocurre con las personas trans.

“Solicito excusas públicas por los actos de discriminación en los que incurrí”, dijo Cheque. También les reiteró a los padres de familia y educadores de Colombia “el deber de fomentar la igualdad, así como empezar a valorar y respetar las diferencias”.

Su mensaje llega en medio de un país que ha dado avances muy tímidos en la inclusión. Durante la administración de Juan Manuel Santos, y como resultado directo de una sentencia de la Corte Constitucional en el caso de Sergio Urrego, se intentó implementar cambios en la manera que los colegios del país protegen la diversidad. El resultado fueron marchas multitudinarias de personas que, hablando de la protección de la familia, prefieren que los jóvenes LGBT sigan estando en ambientes hostiles.

En el ámbito penal, la Fundación Sergio Urrego advirtió que Amanda Azucena Castillo está cercana a evadir la justicia. Su caso por discriminación está próximo a precluir por maniobras disuasorias que han impedido la realización de la audiencia preparatoria. Les solicitamos a la Fiscalía y al juez del caso que no vayan a permitir que este proceso histórico termine ahogándose en la impunidad.

La indignación nacional fomentada por el caso trágico de Urrego ha sido seguida por años de aparente indiferencia. Peor aún, los movimientos conservadores han seguido utilizando sus espacios políticos para promover mensajes homofóbicos y transfóbicos. El resultado es que la discriminación sigue cobrando vidas y condenando a muchas personas a vivir con temor y sometidas a los prejuicios.

Le debemos a Sergio que se haga justicia. Le debemos a nuestras niñas, niños y jóvenes LGBT una educación segura, libre de prejuicios y donde se proteja la diversidad. Seguimos en mora.

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