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Nuevamente la homofobia

CON PONENCIA DEL MAGISTRADO Rodrigo Escobar Gil, la Corte Constitucional, faro de lucidez y esperanza en medio de tan arraigadas costumbres reaccionarias, haciendo respetar el derecho a la igualdad, ordenó modificar 42 normas que impiden el acceso de las parejas homosexuales a derechos que sólo les son garantizados a los heterosexuales.

El Espectador

30 de enero de 2009 - 06:00 p. m.
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En palabras del Alto Tribunal, a las parejas del mismo sexo les violan sistemáticamente algunos de sus derechos civiles, políticos, económicos, migratorios y penales. En adelante, la modificación de parte de los códigos Penal, Civil y hasta del régimen militar, permitirá no sólo el libre desarrollo de la personalidad y la dignidad humana, sino el cese de la discriminación para quienes escogen inclinaciones sexuales que no comulgan con las de la mayoría.

Como era de esperarse, el energúmeno senador Víctor Velásquez Reyes, siempre locuaz cuando de hacer explícita su homofobia se trata, le salió al paso a la histórica decisión adoptada por la Corte con argumentos tan vacíos como preocupantes, toda vez que se trata de un legislador que con los impuestos de los ciudadanos —incluidos los homosexuales— trabaja en contra de la Constitución que juró defender.

Sostiene en esta ocasión el senador de Colombia Viva en Unidad Cristiana, quien ya en otras oportunidades nos había deleitado con sus equiparaciones entre homosexualismo y prostitución, que la sentencia proferida por el alto tribunal “atenta contra la moral del país”. Poco o nada parece importarle que las sentencias de la Corte sean de obligatorio cumplimiento o que la Constitución, completamente laica desde hace 18 años, esté por encima de cualquier creencia religiosa. No, el senador Velásquez pretende imponernos sus retardatarias ideas sobre la sociedad y el ser humano, distantes todas del cambio generacional que se inició durante el Frente Nacional y se expresa hoy en millones de ciudadanos que, aunque tolerantes frente a las creencias ajenas, no guardan relación con iglesia alguna.

Quizás sea hora de empezar a considerar seriamente la opción de castigar disciplinariamente a quienes se resisten, si no a dejar la Colombia de los años cincuenta que con tanto dolor y violencia tuvieron que sufrir nuestros antepasados, sí a respetar los mandamientos de la carta política, ésta sí texto sagrado pero de la modernidad.

Y quizás sea hora también, claro está, de que la propia iglesia y su facción menos radical y recalcitrante reflexione sobre la posibilidad de hacer más incluyentes sus criterios de valoración de las personas. Aunque la persecución de la que son objeto pueda llevar a pensar lo contrario, no son pocos los homosexuales que practican la religión cristiana.

La homofobia, varias veces discutida y según muchos erradicada, no cesará hasta que dirigentes y políticos comprometidos con el respeto a la diferencia tomen cartas en el asunto. Cada vez que se expiden sentencias tan trascendentales como esta que le permitirá incluso a la pareja de un militar, aun si éste es de su mismo sexo, acceder a la pensión de su fallecido compañero, recordamos lo valerosa que es la Corte Constitucional en un país en el que con facilidad se descalifica y discrimina por razones de cualquier índole. Pero si no la acompañamos, cómo negarlo, es más bien poco lo que habremos logrado en defensa de la construcción de un país más incluyente, cuando personas como el senador Velásquez, de manera abiertamente sectaria, declaran que con decisiones como esta “la Corte quiere llevar al país a un retroceso”.

Por El Espectador

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