Nuevo problema: el tráfico aéreo

EL AÑO PASADO EL NÚMERO DE PAsajeros que atendió el aeropuerto Eldorado aumentó casi el 40% de lo proyectado.

 Se esperaba un tráfico de 10.000 viajeros, pero fueron 14.000. Este incremento, asociado tentativamente a la mejoría de la imagen del país en el exterior —se espera que el tráfico internacional alcance al doméstico para 2015—, obligó a modificar por el camino la concesión para la construcción de la terminal internacional y la remodelación de la terminal nacional del aeropuerto. Una decisión acertada, pues si bien no deja de ser lastimosa la pérdida de recursos ya invertidos y el cambio en las condiciones contratadas, se logró reemplazar el proyecto por uno capaz de enfrentar, por lo menos mejor que el anterior, el acelerado aumento del tráfico aéreo.


El nuevo proyecto, que emprende la construcción de una terminal unificada, con mayor capacidad y eficiencia, debe solucionar demoras importantes en los procesos de chequeo, seguridad, aduana y abordaje, además de mejorar la comodidad del pasajero. El progreso, sin embargo, es sólo parcial: las pistas y los sistemas de aterrizaje serán los mismos. Restricción cuya magnitud queda en evidencia cuando se conoce que cerca del 40% del flujo de pasajeros pasa por Bogotá, al igual que el 70% del transporte de carga, sin mencionar, por supuesto, el uso militar, gubernamental  y privado de las pistas por parte del área de operación de Catam. A esto se suma, para agravar el panorama, que los sistemas no siempre les permiten a los controladores dirigir aterrizajes simultáneos. De aquí que se diga, y no sin razón, que cuando se entregue la terminal unificada, Eldorado será ya obsoleto.


La semana pasada, la Casa de Nariño aprobó una serie de medidas que ayudarán a mitigar el problema del tráfico aéreo: se levantó la prohibición para que los aviones comerciales puedan sobrevolar la base aérea de Palenquero, lo que reducirá en cinco minutos la entrada de las aeronaves; se mejorará la capacitación técnica de los controladores aéreos; se implementará un nuevo software para el manejo del tráfico y se aumentará la planta de controladores. No obstante, como parece ser claro, la iniciativa es marginal y así lo ha reconocido el Gobierno a través de las declaraciones del ministro de Transporte, Germán Cardona, quien ha asegurado que se está buscando a un gran inversionista para la construcción de un aeropuerto en la sabana de Bogotá que atienda la aviación privada y la militar, cuyos terrenos, por lo demás, serían utilizados para la ampliación de Eldorado.


“Llegó la hora de pensar no en grande sino en inmenso”, aseguró el ministro para justificar el rechazo a la construcción de una tercera pista en Eldorado. Esta negativa, no obstante, poco tiene que ver con ambiciosos planes aéreos, sino con una real restricción en el terreno. Para esto, basta recordar las múltiples maniobras con el río Bogotá que debieron hacerse a comienzos de los 90 para la construcción de la segunda pista. Un nuevo aeropuerto no es una opción, es una  necesidad, de cuyos estudios, además, no debería excluir el Gobierno el transporte de carga, pues si bien por distintos motivos macroeconómicos éste ha disminuido desde 2006, año en el cual alcanzó sus puntos más altos (163.463 toneladas nacionales y 481.129 internacionales), nada sugiere que la tendencia decreciente se vaya a mantener. Es hora de comenzar a planear más ambiciosamente porque de lo contrario repetiremos lo que vivimos con la concesión de Eldorado.

 

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