Nuevos magistrados, por sus actos serán reconocidos

Si el Tribunal Especial de Paz (TEP) empieza a dar resultados, éstos contrastarán con la retórica de los políticos que buscan obstaculizar su labor. / Juan Tena - SIG

El Tribunal Especial de Paz (TEP), piedra angular de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y principal apuesta del acuerdo de La Habana por un mecanismo de justicia transicional que, pese a las amnistías, esté centrado en las víctimas, posesionó a 30 de sus 38 magistrados ayer. Aunque comienza todavía cojo y con varias sombras encima, es importante que los magistrados puedan iniciar sus funciones. El desempeño del Tribunal será el mejor argumento para demostrarle al país que puede tratarse de una corte ejemplar.

El presidente de la República, Juan Manuel Santos, posesionó a los magistrados en la Casa de Nariño. En su discurso, el mandatario dijo: “Ustedes —magistradas y magistrados— darán ejemplo al mundo de que es posible buscar la paz, de que se puede superar un conflicto por antiguo y execrable que sea, que los seres humanos sí están llamados a terminar la guerra, que la humanidad se puede dar espacios de optimismo, de entendimiento, de diálogo, de amor”. Y agregó: “¿Cómo obtener el máximo de justicia sin sacrificar la paz? El modelo que logramos (…) fue la mejor respuesta posible a esta pregunta, y se ha convertido en uno de los grandes legados del proceso colombiano para el mundo”. Eso último está por verse.

En efecto, sobre los hombros de los magistrados elegidos recae, tal vez, la sostenibilidad a largo plazo del proceso de paz. Los ataques a todos los aspectos de lo pactado en La Habana sólo van a incrementarse a medida que se caliente la campaña electoral. La JEP, en particular, ha sido objeto de discursos que la pintan como una justicia sesgada y supuestamente creada para darles impunidad a los exguerrilleros mientras se persigue a los colombianos.

Eso, por supuesto, no es verdad; pero en este caso los hechos serán mucho más elocuentes que los discursos. Como lo mencionamos en su momento, las personas elegidas para el TEP tienen las calificaciones y provienen de contextos que dan esperanza sobre sus capacidades. Ahora que ya se posesionaron, deben demostrarle al país que en efecto es posible una justicia transicional que ayude a la reconciliación.

Hay, no obstante, dos grandes interrogantes. Primero, la Corte Constitucional no ha revisado la absurda inhabilidad que aprobó el Congreso que prohíbe a defensores de derechos humanos ejercer en la JEP. De quedar en firme, varias de las personas ya elegidas no podrían estar en el Tribunal, lo que sería una pérdida injusta e incomprensible.

Segundo, está la pregunta por la financiación. Así como ha ocurrido con varios aspectos de la implementación de los acuerdos, la justicia transicional puede chocarse con la ausencia de recursos y, por ende, la incapacidad de mantenerse.

Pero más allá de esas sombras, que no son menores, la tarea de los magistrados es trabajar a pesar de todo. Si el TEP empieza a dar resultados, estos contrastarán con la retórica de los políticos que buscan obstaculizar su labor. Ya que el Congreso y el Gobierno fracasaron en su intento por blindar de legitimidad el acuerdo, la justicia transicional es la llamada a cumplir esa tarea esencial.

 

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