¿Paridad de fuerzas en Venezuela?

El presidente Chávez es un excelente candidato. De ninguna otra forma habría permanecido 13 años en el poder ni ganado para su partido los sufragios parlamentarios y regionales desde entonces. Las elecciones son suyas.

Y lo son más allá de sus cuestionables prácticas. No hay subsidios ni amenazas ni artimañas que alcancen para tantos, o por lo menos no por tanto tiempo. Lo que sí hay y ha alcanzado para rato son los continuos errores de la oposición. Primero, fragmentada y belicosa, se resistió no al presidente sino al sistema y se las arregló no sólo para avanzar un fallido golpe de Estado, sino para entregarle al oficialismo la producción petrolera tras una mal manejada huelga en PDVSA. Como si regalar tal ‘caja menor’ no fuera suficiente, a la oposición se le ocurrió avanzar luego una campaña de años contra el sistema, que comenzó con numerosas protestas a lo largo de Caracas —lo que se conoció, por su ir y venir, como el ‘Ejército de los Aeróbicos’— y concluyó con la invitación a su electorado a abstenerse de votar en los antepasados comicios legislativos —entregándole, por supuesto, la Asamblea General al chavismo—.

Por fortuna, la oposición ha venido ganando conciencia de que la democracia se gana sólo sobre la arena democrática y que de su parte se requieren ideas más que manifestaciones. El primer paso en esta dirección, el referendo de 2005 para revocarle el mandato al presidente, fue tímido pero logró revivir a los adormilados electores. El segundo paso: lanzarse con un candidato único en las elecciones presidenciales de 2006. Manuel Rosales, dos veces alcalde de Maracaibo y una vez gobernador de Zulia, perdió en los comicios pero la oposición se convenció de su potencial. Finalmente, con los sufragios parlamentarios del año pasado, y muy a pesar de los manejos sucios que logró el presidente Chávez al cambiar las distribuciones de los votos, el oficialismo sufrió un duro revés al perder la mayoría absoluta en la Asamblea. Tres pasos pequeños pero necesarios para lograr el “Compromiso por un Gobierno de Unidad Nacional”.

Anunciado al comienzo de la semana, y ratificado el pasado jueves, la oposición se comprometió para las presidenciales de 2012 a irse con un único candidato —elegido en primarias, no por encuestas— y, más importante aún, con un único programa de gobierno. Sin duda, un adversario duro para el presidente Chávez, que se le suma al malestar general por los malos manejos de su gobierno. Manejos que, no sobra recordar, rebasan los atropellos oficialistas contra libertad y la democracia; la economía y la seguridad también flaquean en Venezuela y, si algo es claro, es que la vida y el bolsillo cobran en las urnas, más caro que los ideales.

No obstante, ya lo dijo ayer el presidente en retaliación: “Prepárense todos los movimientos sociales, políticos, patrióticos, nacionalistas, socialistas, humanistas, cristianos y los que estén con la patria, los que estén con Chávez”. Y de todos aquellos todavía hay muchos. No porque sean sus funcionarios, ni los receptores de sus subsidios, ni la llamada boliburguesía —o por lo menos, no solamente—, sino porque son también la población invisibilizada por los pasados gobiernos y que el chavismo supo sacar a la luz. Tal es un agradecimiento histórico que difícilmente se olvida y un empoderamiento, así sea simbólico, que tampoco se pierde. La oposición aprendió y tiene hoy todo a su favor, pero le falta ganarse el corazón de estos votantes. De la lección a las elecciones hay demasiado de por medio. O mejor: hay un comandante.

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