Pecadores en la izquierda

Las investigaciones por corrupción contra exdirigentes de izquierda demuestra una crisis en el manejo adecuado de los recursos públicos.

Las investigaciones por corrupción en contra de dirigentes de la izquierda latinoamericana demuestra que la corrupción no depende de la ideología política. / AFP

La detención temporal del expresidente Lula da Silva, acusado de beneficiarse de dineros mal habidos, causó conmoción internacional. Su vinculación directa, así como la de su hijo, a la gran red de corrupción asociada al escándalo de Petrobras se suma a la ola de problemas que tienen al país vecino sumido en una grave crisis. La misma que podría terminar de hundir al gobierno de la presidente Dilma Rousseff. Casos similares afectan a otros países y figuras públicas en la región. La ética de ciertos luchadores sociales, de ser hallados culpables, está quedando por el suelo.

La acusación de la Fiscalía brasileña es grave. Grandes empresas locales se enriquecieron con contratos multimillonarios con la estatal empresa petrolera, Petrobras, durante el gobierno Lula y el actual. Distintos políticos y partidos recibieron financiación bajo la mesa para adjudicar jugosos contratos. Se habla de unos US$4.000 millones desviados de manera irregular. El presidente de la gigante empresa constructora Odebrecht ya está en la cárcel, al igual que otros magnates e importantes políticos. Ahora el turno es para Lula, quien deberá aclarar señalamientos por supuestos beneficios personales, en especial en dos de sus viviendas y en la Fundación que lleva su nombre. Vienen tiempos complejos.

El primer país donde comenzó a hacerse evidente esta situación en la región fue Venezuela. De su propuesta inicial de luchar con igual ahínco contra la injusticia social como contra la corrupción, Hugo Chávez llevó a su país a una situación de caos. Bien haya sido por mal manejo, por deshonestidad o por ambos, no hay una respuesta clara al destino final de más de US$900.000 millones de ingresos petroleros en los últimos 17 años. Mientras tanto, los llamados boliburgueses se enriquecieron de manera oprobiosa al amparo de la “Robolución”. Con el deseo de poner orden en casa, la nueva Asamblea Nacional, controlada por la oposición, ha denunciado lo que la justicia, controlada y manipulada por el chavismo, no ha querido ver en contra de importantes figuras oficialistas o de altos mandos militares. Así van las cosas.

A lo anterior hay que añadirle casos como el de Bolivia, con altos funcionarios oficialistas destituidos y otros casos de corruptelas denunciados, mas no investigados. Y ni qué decir del escándalo que le costó perder el reciente referendo al presidente Evo Morales tras las andanzas de su expareja Gabriela Zapata, quien finalmente fue detenida. En Nicaragua hay serios señalamientos contra el presidente Daniel Ortega, su esposa Rosario Murillo y su hijo mayor, Rafael, de malversación de fondos públicos o enriquecimiento, entre otros, dentro del cuento chino del canal interoceánico. Reconocidas personalidades nicas como el expresidente Sergio Ramírez, el periodista Carlos Fernando Chamorro o el sacerdote Ernesto Cardenal han sufrido el látigo gubernamental por atreverse a plantear dichas irregularidades.

De allí que uno de los referentes obligados en materia de coherencia y decencia en el manejo de lo público, el expresidente uruguayo José Pepe Mujica, haya dicho el año anterior que “tenemos un flagelo adentro de carácter ético. Cuando el afán de hacer plata se mete adentro de la política nos mata a la izquierda”. Nada que agregar sobre lo que menciona un hombre que predica con su ejemplo y que debería ser referente ético obligado para quienes al encarnar los ideales de transformación social terminan actuando igual o peor que aquellos a quienes sucedieron. Ni qué decir de la expresidenta Cristina Fernández y de Amado Bodou, su exvicepresidente, quienes tendrán que responder o ya están respondiendo ante la justicia.

Muchos se escudarán sin duda en el manido argumento de la persecución política. Al final del día habrá que volver a la frase de Séneca según la cual “la corrupción no es un problema de los tiempos, sino de los hombres”. Agregaríamos además que sin distingos ideológicos.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a [email protected]

últimas noticias

Las personas trans no son enfermas mentales

No nos quedemos en un homenaje a Paola Melissa

Es un imperativo moral aprobar la JEP

Vuelve la selección que nos une

Un presidente de todos los colombianos