Ponerle el pecho

Los “Tetatones” terminan siendo saludos a la bandera si no se acompañan con un cambio en la visión que tiene la sociedad de la mujer, de su cuerpo y de sus distintos roles.

El rechazo a la lactancia en público es otra muestra más de cómo vemos los cuerpos femeninos como un objeto. / Foto: Cristian Garavito - El Espectador

Que a estas alturas haya que reivindicar el derecho de las mujeres a lactar en público, como si hacerlo fuera un delito, deja muchas reflexiones. Principalmente, que no basta con cambios jurisprudenciales o institucionales. Los “Tetatones”, como el del pasado 3 de agosto, terminan siendo saludos a la bandera si no se acompañan con cambios sociales, sobre todo con un cambio en la visión que tiene la sociedad de la mujer, de su cuerpo y de los distintos roles que ella ejerce y puede ejercer.

Censurar a una mujer por darle de comer a su bebé es preocupante, porque envía el mensaje de que la maternidad es algo que se debe ejercer en privado, en la casa, atando a la mujer, de nuevo, al hogar, como si ese fuera su lugar indefectible. Aunque parezca superada, esa idea de que el hombre sale a trabajar y la mujer se queda en casa sigue arraigada en la sociedad. Y reproduce la idea de que el cuidado de los hijos es labor exclusiva de la mujer. Algo que, de contera, excluye a las familias diversas.

También refuerza la idea de que el cuerpo de la mujer tiene, por así decirlo, una función. Y no. El cuerpo de la mujer y, en este caso, sus senos pueden ser tanto para el ejercicio de la maternidad como para su placer. O, en palabras castizas, para lo que ella quiera. Atribuirle una “función” al cuerpo de un ser humano es convertirlo en un objeto. De la misma forma, hacerlo puede llevar a la satanización del cuerpo, a la creencia de que hay que esconderlo. Valga recordar la controversia generada por el doble rasero con el que algunas redes sociales manejan el desnudo.

Un hombre sin camisa, por ejemplo, no va a ser vetado, nunca, por Facebook; una mujer en su misma situación, sí. Y aunque esa discusión es otra, ilustra lo mismo: que la sociedad sigue viendo con prevención al cuerpo y, sobre todo, al cuerpo de la mujer. Vaya paradoja: esos mismos sectores que aseguran que el rol femenino se reduce a ser madre son los que, cuando las mujeres ejercen la maternidad, les impiden hacerlo a plenitud, imponiéndoles códigos que no se compadecen con la realidad. Todo eso debe cambiar.

Esta no es una discusión sólo en Colombia. En Argentina, por ejemplo, se convocó recientemente a una “Tetatón”, como la celebrada en Colombia, después de que el pasado 12 de julio dos mujeres, agentes de Policía del municipio de San Isidro, detuvieron a una mujer por lactar en público, con la excusa de que esta actividad estaba prohibida. Hay que decirlo, la diferencia es que en Colombia la “Tetatón” fue convocada por las autoridades y no por la sociedad civil. Algo loable, por supuesto. Pero insuficiente si no se acompaña con medidas a favor de las madres lactantes; medidas que incluyen una mayor facilidad para que las mujeres lacten en el espacio público o en las instalaciones de sus respectivos trabajos.

No basta con cambios jurisprudenciales; se requiere concientización en esta sociedad que sigue viendo con recelo el hecho de amamantar. Los avances legislativos deben ir de la mano con pedagogía, con debate y con una discusión que involucre a la sociedad y la guíe. El riesgo es mayúsculo si nos damos por bien servidos con una sociedad que es feminista en público, pero misógina en privado; que marcha contra la violencia de género, pero, de puertas para adentro, sigue ejerciendo esa violencia; que se rasga las vestiduras por el machismo, pero apenas de labios para afuera. Pongámosle el pecho al asunto, maduremos.

 

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