Radiografía de un país que evoluciona

La Encuesta Nacional de Demografía y Salud muestra un dramático contraste entre las preocupaciones del país político y la realidad nacional.

Por primera vez en muchos años, hubo una reducción considerable en el embarazo adolescente: de 19,5 a 17,4 %./ Foto: Gabriel Aponte - El Espectador

Los resultados publicados recientemente de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS 2015), la herramienta más seria para la toma de decisiones en los aspectos demográficos, sanitarios y sociales del país, nos dan motivos para creer que vamos por buen camino y, sobre todo, para que los líderes políticos entiendan que estamos en un país muy diferente del de hace una década o dos y, por lo tanto, las decisiones del Estado deben tener en cuenta las nuevas circunstancias.

Después de cuatro años de trabajo, en 44.614 hogares de 295 municipios, la ENDS nos presenta la radiografía de un país que ha evolucionado. Como lo dijo el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, durante la presentación de la encuesta, “el cambio social invisible y paulatino que muestra este conjunto de encuestas debería ser parte del debate público”. Eso es cierto, en especial porque el trabajo que Profamilia viene liderando desde 1990 con la ENDS muestra un dramático contraste entre las preocupaciones del país político y la realidad nacional.

Mientras en el Congreso, por ejemplo, hay parlamentarios que insisten en la pureza de un tipo particular de familia, apelando a nociones tradicionales de los roles de género, la ENDS arrojó que el 36,4 % de los hogares tienen jefatura femenina. Un fenómeno que se acentúa en hogares urbanos, donde el porcentaje llega al 39,6 %. También es interesante que vienen en aumento los hogares constituidos por una sola persona, el 11,1 % el año pasado. ¿Están las políticas públicas conscientes de esta nueva configuración?

En el tema de la sexualidad, donde también se vienen librando batallas frustrantes que, en el nombre del pudor, han obstaculizado los proyectos de educación sexual, hay noticias importantes. La tasa de fecundidad se ha reducido: mientras en 1967 lo común era que cada mujer diera a luz a 6,7 hijos, hoy esa cifra está en dos. También, por primera vez en muchos años, hubo una reducción considerable en el embarazo adolescente: de 19,5 a 17,4 %.

No obstante lo anterior, en este punto es importante hacer una diferencia entre clases sociales, pues la tasa de embarazo adolescente es cinco veces más alta en la capa más pobre de la población que en la más alta. Ese nivel de desigualdad es inaceptable, y les exige a las autoridades tomarse en serio intervenciones en estos temas en las poblaciones que más las necesitan. Qué útil sería que la sexualidad dejara de ser un tabú y pudiéramos seguir aumentando el uso de métodos de anticoncepción. Aunque vamos bien, pues el 80,9 % de las mujeres, según la ENDS, tienen acceso a anticonceptivos —en contraste con un precario 20 % en los años 60—, ese 19,1 % restante es un reto que no se puede ignorar.

Lo anterior cobra especial relevancia cuando se tiene en cuenta el dato más preocupante de la ENDS: la mitad de los niños siguen siendo no deseados. El país tiene que preguntarse, con sinceridad, si está haciendo todo lo posible para que esos embarazos indeseados no alteren proyectos de vida ni fomenten círculos viciosos de pobreza, con todo lo que eso conlleva.

Llevamos demasiados años de políticas construidas sobre una Colombia que no existe, ¿qué tal si intentamos sacudirnos del pudor y enfrentar el tema de la sexualidad de frente, a partir de los datos de un país que ha cambiado y seguirá evolucionando?

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