Respetar las peticiones

Lo del diálogo en el Cauca apenas empieza. Ya pasó, menos mal, el show mediático, las fotos de los indígenas empujando a las Fuerzas Militares o del sargento García dejando escapar lágrimas de impotencia frente al rechazo de las comunidades.

Ya pasó, por fin, la polarización de los bandos que querían encontrar un héroe o un villano en el asunto, como si se tratara de una película de acción y no de la realidad de un país en guerra. Ahora lo que se requiere es un análisis con matices, con puntos grises por encima de las posiciones radicales. Un diálogo en el que se admita que los indígenas viven asediados por la guerrilla y por la ausencia del Estado, y que el Ejército cumple a medias con el respeto debido a la integridad de las comunidades.

Cerrado el capítulo de la confrontación, es hora de definir el rumbo de las negociaciones entre el Estado, ese ente abstracto en el que estamos supuestamente contenidos todos, y las comunidades indígenas que han sido desplazadas más allá de los márgenes de la atención nacional, pese a que tienen prácticas, cosmovisiones y modos de vida propios, y que además están protegidos por tratados internacionales.

¿Qué ha sucedido después del barullo altamente cargado de palabrería que vivió el país las últimas semanas? Bueno, nada. O casi nada, mejor, para saldar las cuentas con precisión. Que los diálogos están suspendidos desde el viernes pasado y que los indígenas no quieren sentarse a hablar con un gobierno que no envía a dialogar, como sí lo hace en otros asuntos menos importantes, a sus ministros del Interior, Federico Renjifo, y de Defensa, Juan Carlos Pinzón, las máximas cabezas del orden público en Colombia.

¿Y por qué no mandarlos? ¿Es descabellada la petición de los indígenas que viven entre las balas de todos los bandos y que piden un minuto de paz, con el agravante de que ahora han llegado amenazas de las Águilas Negras? Lo cierto es que la asamblea permanente de la comunidad indígena Nasa se mantiene en pie, esperando a que pueda concertarse una nueva cita que conduzca, por fin, a un diálogo útil.

El ministro Renjifo, en actitud positiva, manifestó a Caracol Radio hace un par de días que la voluntad de diálogo se mantiene. Dijo también que en el acta del encuentro previo quedó claro que a la mesa de concertación solo irían los viceministros y no los titulares de las carteras del Interior y Defensa , como ahora lo exigen las comunidades. Pero es hora de que el Estado, representado en sus máximas autoridades, vaya ya mismo al departamento del Cauca.

Además, para que el diálogo llegue a feliz término es necesario, antes que nada, fijar claras reglas de juego desde el inicio y escuchar con atención lo que todos tienen por decir. En esa medida, al margen de definir si son necesarios los altos mandos del gobierno, sigue pendiente el paso esencial: definir una agenda sin ventajas y con la voluntad expresa de llegar a una solución concertada y razonable. Una salida en la que se protejan los intereses de ambos bandos que, a la larga , buscan el mismo objetivo: la paz.

Es una hermosa oportunidad para hablar de concordia en el Cauca. Si el mismo gobierno Santos encontró viable la consulta previa y el decreto con enfoque diferenciado que hoy caracteriza el componente de la ley de víctimas y restitución de tierras en lo que tiene que ver con los indígenas, bien podría ahora buscar mecanismos de concertación que reconozcan algo de autonomía a las comunidades del Cauca.

Las buenas experiencias son para replicarlas y, no sobra mencionarlo, en el actual episodio histórico, con un Estado ausente en la región, su obligación de hoy es entender a las desamparadas comunidades indígenas. Después de todo, sus peticiones vienen de mucho tiempo atrás. Ha llegado la hora de escucharlas con la atención que se merecen.

 

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