Responsabilizar al mensajero

La fórmula, a pesar de lo manida, sigue utilizándose con demasiada frecuencia: echarles la culpa de los errores propios a quienes se encargan de hacerlos visibles ante los demás.

Un presidente, por ejemplo Nicolás Maduro, en medio de los muy graves problemas que afronta su país, que sufre de manera indiscriminada toda la población, acusa a los medios de aquí de ser la punta de lanza de una campaña “de manipulación, mentiras y odio que hay en Colombia contra Venezuela”. Vea pues.

Una caricatura de Vladdo, así como ciertos comentarios de Óscar Alarcón en la revista Semana, fueron la excusa para que Maduro se despachara contra quienes le tienen terror, según sus palabras, a la experiencia del socialismo del siglo XXI. Puede que no le falte algo de razón. Dado el creciente número de muertes ocasionadas por la inseguridad que se vive en su país, el viacrucis que tienen que padecer diariamente quienes buscan alimentos y medicamentos, una inflación del 68,5% que ostenta el dudoso honor de ser la más alta del mundo, la devaluación acelerada que ha llevado a que haya tres tipos de cambio oficial, unos niveles de corrupción e ineficiencia que han permitido el desangre de las finanzas públicas, así como el creciente autoritarismo del régimen y el encarcelamiento de contradictores políticos, es imposible que caricaturistas, columnistas, editorialistas o comentaristas alaben el modelo ideado por Hugo Chávez.

Un par de semanas atrás Nicolás Maduro la emprendió contra el diario español ABC por graves señalamientos que sobre narcotráfico hacen las autoridades de Estados Unidos a altos funcionarios y militares venezolanos, incluido el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. La estrategia fue la misma: ante la falta de argumentos para justificar o explicar los señalamientos, hay que descalificar al mensajero externo. Ni qué decir con lo que sucede dentro del propio país. Cada día son menos los medios independientes que pueden hacerlo, ante las medidas que terminan asfixiándolos, como en el caso de la dificultad de importar papel para los medios impresos. Muchos de ellos son vendidos a personas cercanas al régimen y de inmediato cambian radicalmente su línea editorial. Sin ir muy lejos Tal Cual, el periódico crítico que dirige Teodoro Petkoff, se convertirá en semanario, sin saber aún si podrá sobrevivir a mediano plazo.

En su última arremetida, Maduro le pidió al presidente Juan Manuel Santos que tomara cartas en el asunto. “Yo no permitiría que desde aquí se haga una campaña contra ningún presidente como la que se hace desde Colombia contra mí”. Es probable que el ocupante del Palacio de Miraflores no sepa que aquí, con todos los problemas que viven periodistas y medios por informar dentro del conflicto armado, el narcotráfico y las bandas criminales, actuamos con independencia crítica. No está de más recordar que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, también se ha distinguido por su radical actitud contra los medios de comunicación.

La semana anterior Nicolás Maduro denunció la desarticulación de un nuevo golpe de Estado. Uno más. Varios oficiales de la Fuerza Aérea se encuentran detenidos. El hecho, de por sí, es muy grave y debe ser objeto de investigación. En caso de ser cierto, amerita un total rechazo por atentar contra la democracia y el Estado de derecho, así el mismo no se respete en su integridad por parte del régimen actual. Lo grave del asunto es que han sido tantos los falsos señalamientos de intentonas golpistas en años recientes que se hace difícil, como en el cuento del pastorcito mentiroso, saber cuándo lo que se dice es verdad o cuándo es ficción.

 

 

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