La salida

Parece que ya estaba claro: EL ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, ya sabía que Juan Ricardo Ortega saldría de la DIAN.

 Ya venían hablando de su renuncia y, dijo a Caracol Radio, que esta noticia no lo toma por sorpresa. “Hay que buscar un clon de Juan Ricardo Ortega, hay que buscarlo, porque eso es lo que el país quiere”, confesó. Tiene razón. Del mismo talante sería útil para el sistema todo. Aunque no será fácil.

Y no es fácil porque pocas veces un funcionario público despierta el reconocimiento unánime de varios sectores gracias a su trabajo impecable: Ortega es un gran empleado público. De esos que no abundan. Un técnico que logró cosas como desmontar muchas de las mafias evasoras, y con ellas, incluso, las de la devolución fraudulenta del IVA.

Tal y como lo dijo ayer el profesor César Rodríguez Garavito en las páginas de este diario, el recaudo de impuestos es un asunto fundamental para una democracia: gravar a los ciudadanos fue lo que permitió el paso a los estados modernos. Y de esa premodernidad (justamente alentada aquí por las mafias y la evasión sucia de los impuestos y las concesiones a los ricos, entre otras) es de donde nos pretendía sacar Ortega con unos primeros pasos que, aunque tímidos, eran necesarios: de 70 a 100 billones en cuatro años. Faltaba mucho, él lo acepta, pero era urgente labrar el primer camino. Y él lo hizo.

Sale, pues, Ortega, en medio de muchos hechos lamentables. Es el funcionario más amenazado del país, según investigó el programa Los Informantes de Caracol Televisión. La lucha frontal contra el contrabando (un gran mal de este país al que no se le da la atención necesaria) lo puso en la mira de los delincuentes por la bicoca de 6 mil millones de pesos. “ Mi esposa decidió que nos íbamos, se aburrió de vivir con susto. Ella aceptó que trabajara dos años como dije en un principio y ya llevo cuatro”, le dijo Ortega a Camila Zuluaga en entrevista para este diario. Eso de vivir con miedo por cumplir con una tarea pública es deplorable. Es deplorable, también, que los delincuentes operen de esta forma: y es un reflejo bien duro de lo que este país realmente es. No puede mirarse de soslayo la bien particular característica de que los delincuentes tengan el poder de forzar la salida de un funcionario público. Pero las mafias todo lo pueden: desde hace 40 años estamos viviendo esto en ciclos. Cada tanto se repite en este país.

Los logros de Ortega hablan por sí solos: desmontó el ‘cartel de las devoluciones ilegales’, cosa que implicó la captura de 19 funcionarios, así como la recuperación de $220.000 millones. Algunos analistas le atribuyen parte del crecimiento experimentado el año pasado. ¿Quién para llenar esta vacante? Sobre todo si pensamos (y la noticia de su salida refuerza esta idea) en que este tipo de entidades son las que encarnan los grandes problemas de Colombia: porque, después de una gran labor acá, ¿qué le queda a Ortega? ¿Dónde está el reconocimiento a su trabajo? Estas entidades son los grandes laberintos que nadie quiere asumir: y si vemos cómo amenazan a quienes tratan de reformarlas, pocos incentivos existen. Sin embargo, la lucha debe persistir. Ojalá el ministro Cárdenas no nos decepcione, ni tampoco el gobierno de Juan Manuel Santos, y consiga a alguien con el tesón y la entereza mental para asmumir un reto de estos.

Un aplauso, por lo pronto, para Ortega.

 

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