27 Jun 2019 - 5:00 a. m.

Seguimos cayendo en el fraude de las pirámides

El Espectador

Regresó al país David Murcia Guzmán y su caso es un amargo recordatorio de que los colombianos todavía son muy vulnerables a los esquemas piramidales de captación de recursos. La reciente intervención de la Superintendencia Financiera en operaciones de multinivel debe prender la alarma nacional: ¿por qué siguen tantas personas cayendo, de manera entusiasta, en este tipo de fraudes?

David Murcia Guzmán fue deportado a Colombia después de cumplir 11 años de condena en una cárcel estadounidense. Aquí deberá pagar 22 años de prisión, pues la Corte Suprema de Justicia (CSJ) lo condenó por los delitos de lavado de activos y captación masiva y habitual de dinero. Además, con su aterrizaje en el país la Fiscalía anunció una nueva imputación de cargos pues, según el ente investigador, Murcia Guzmán también habría incurrido en un concierto para delinquir. Sea cual fuere el final de ese nuevo proceso, es evidente que sus deudas con la justicia son grandes y siguen vigentes.

Sin embargo, la historia de DMG, la sociedad fundada por Murcia Guzmán, no ha servido de disuasión para los colombianos. En el país siguen pululando iniciativas que operan de manera similar y hacen que muchas personas caigan en el fraude. La promesa de riquezas enormes y casi inmediatas parece ser un atractivo que nubla la razón. También es evidencia de la falta de educación financiera que hay en Colombia.

En las últimas semanas, la Superintendencia Financiera intervino dos pirámides, una en Villa de Leyva y otra en Bogotá, que actuaban bajo el modelo del “Telar de los Sueños”. En síntesis, el telar consiste en vincular mujeres, con una inversión inicial de $4,6 millones, con la promesa de recibir una ganancia de $36,8 millones siempre y cuando lograran invitar a dos mujeres más al grupo. Se trata del típico esquema piramidal que está diseñado para, eventualmente, derrumbarse y causar daños a las personas estafadas. Se trata, también, de un delito (captación masiva de dinero).

Lo mismo ocurrió en DMG. El capital de la empresa aumentó a $2.696 millones por consignaciones en efectivo fraccionadas desde lugares como Puerto Asís, Mocoa y La Hormiga, en Putumayo, o Monte Líbano y Montería, en Córdoba. Los participantes se veían llamados por la opción de comprar bienes a precios irrisorios y obtener otro tipo de ganancias.

Este tipo de iniciativas se siguen presentando porque son muy persuasivas. Al prometer retornos extraordinarios sobre la inversión inicial, apelan al deseo de obtener dinero fácil. Como muchas de estas situaciones ocurren ocultas de los ojos de las autoridades, es difícil intervenirlas a tiempo para evitar que las personas caigan en el fraude.

Más allá de la constante vigilancia de la Superfinanciera, es necesario dar un debate en el país sobre cómo está la educación financiera de los colombianos, desde los colegios hasta la vida adulta. Una ciudadanía informada, que entienda por qué el modelo piramidal está diseñado para fallar y estafar, es la mejor defensa contra estos esquemas. Es momento de un esfuerzo nacional por romper el analfabetismo en estos temas, por el bien de la sociedad.

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