A seguir apostándoles a las energías alternativas

Celebramos que el Distrito, ya tomando sus decisiones finales de la presente administración, haya logrado comprar 379 buses eléctricos. / Foto: Getty Images

Es una muy buena noticia para Bogotá la compra de 379 buses eléctricos que van a llenar vacíos en el Sistema Integrado de Transporte Público (SITP). La turbulenta historia de esta licitación en particular demuestra lo difícil que ha sido para la capital la evolución de su flota de buses, pero esperamos que esta sea la primera de muchas decisiones más enfocadas hacia la sostenibilidad ambiental y energética de la ciudad.

Bogotá debería dar ejemplo. A su disposición tiene los recursos y las necesidades que la invitan a ser una capital visionaria, que marque la parada en términos de inversiones. La emergencia climática es innegable y sus efectos van a afectar, más temprano que tarde, a los millones de habitantes que viven en la capital. Además, por la interconexión de los sistemas vitales de la Tierra, las decisiones que se tomen en cualquier ciudad, más una con tantos habitantes, afectan al país entero y al mundo. No hay excusas, entonces, para no entender que el presente y el futuro cercano deben estar dominados por las fuentes alternativas de generación de energía.

La pelea con el alcalde saliente, Enrique Peñalosa, por la inclusión de autobuses eléctricos en el sistema de transporte no fue fácil. Como lo han dicho varios expertos, y lo mencionamos aquí en varias ocasiones, los líderes políticos en Bogotá han demostrado una decepcionante falta de voluntad para impulsar debidamente la compra de vehículos eléctricos.

Sin embargo, es de celebrar que el Distrito, ya tomando sus decisiones finales de la presente administración, haya logrado comprar 379 buses eléctricos (de los 594 que se necesitaban) para renovar el SITP. La mayoría de ellos serán alimentadores de Transmilenio. Por eso, el alcalde Peñalosa dijo que “Bogotá está avanzando, sigue consolidando a Transmilenio como el mejor sistema de transporte en bus que hay en el mundo”.

Originalmente, la licitación fracasó dado que no se presentaron oferentes. Como explicó El Espectador, eso demuestra que todavía en las empresas, en el sector financiero e incluso desde el sector público hay mucho escepticismo sobre el compromiso con las energías renovables. Los incentivos tienen que ser mucho más agresivos en el futuro si de verdad queremos modificar de fondo la flota de transporte de la capital.

En todo caso, Bogotá acaba de reclamar su puesto como ciudad líder en el país. Con la entrega de los nuevos buses en septiembre del año entrante, la capital tendrá la flota más grande de Colombia y superará a Cali, donde ya ruedan los primeros buses de este tipo (de los 136 que tendrán antes de terminar 2020) y a Medellín, que ya compró una flota de 64 vehículos. La sana competencia entre entidades territoriales puede fomentar la necesaria actualización del transporte en todas las regiones del país. Así debería ser.

Será labor de la alcaldesa entrante, Claudia López, y del presidente de la República, Iván Duque, proponer planes y compras en los próximos cuatro años para que Bogotá no solo se ponga al día con la vanguardia mundial en términos de movilidad, sino que sea un líder global en el tema. La salud de los capitalinos lo necesita.

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