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4 Oct 2022 - 5:00 a. m.

Segunda vuelta en Brasil con un país polarizado

Después de un resultado más apretado de lo esperado, Lula da Silva la tendrá difícil para ser presidente de Brasil.
Después de un resultado más apretado de lo esperado, Lula da Silva la tendrá difícil para ser presidente de Brasil.
Foto: EFE - André Coelho

Brasil disputará el próximo 30 de octubre el balotaje para definir a su presidente. El país, que ha sido definido por su extensión y población como un continente en sí mismo, deberá decidir entre el actual mandatario, el ultraderechista Jair Bolsonaro, y el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva. Las encuestas se equivocaron al vaticinar una amplia victoria de Lula, incluso en primera vuelta, lo que coloca al candidato de la izquierda en una posición no tan cómoda frente a su contrincante, a pesar de los cinco puntos de ventaja que sacó el domingo anterior. Vienen cuatro semanas muy intensas, cargadas de polarización.

Lo que todo hacía prever como un triunfo holgado, alejando de Brasil el nefasto legado de Bolsonaro, no se concretó. Lula anunció que este resultado no es más que otra etapa en su camino a la Presidencia y que va a ganar la segunda vuelta. En este mes tiene que obrar con mucha habilidad en la forma en que replantee su campaña, para lograr atraer a los abstencionistas, cerca del 20 %, en un país donde el voto es obligatorio. También a quienes se inclinaron por la tercera y cuarta opciones, es decir, la senadora Simone Tebet, que sorpresivamente quedó en tercer lugar, y el conocido político de centroizquierda Ciro Gomes, pues entre los dos sumaron cerca de un 7 % de la votación.

No es tarea fácil. Se cree que Lula reforzará su mensaje de cambio, unidad, sensatez y esperanza. Para lograrlo tiene a su lado, como fórmula vicepresidencial, a Geraldo Alckmin, representante de la centroderecha, que ha ayudado a suavizar el temor frente al discurso de izquierda. Otro talón de Aquiles es su paso por la cárcel tras las acusaciones de corrupción durante la operación Lava Jato. A pesar de que se le concedió la libertad, no fue por las pruebas de inocencia presentadas, sino porque el juez que llevó la causa no era el competente para hacerlo. Ese es un tema que todavía lo ronda.

De otro lado Bolsonaro, un exmilitar que añora la dictadura, ha dividido el país, es racista, segregacionista, misógino, ha puesto en grave riesgo la Amazonia por la deforestación y, ante la posibilidad de la derrota, ha cuestionado el sistema de voto electrónico que hasta el momento ha funcionado en el país. Es un declarado seguidor de Donald Trump y, al igual que su modelo del norte, se distinguió por su negacionismo frente a la pandemia para luego subestimar las vacunas, con la consiguiente demora en su adquisición, lo que condujo al alto número de muertos en Brasil. Sin embargo, la polarización que generó le permitió mantener niveles de popularidad suficientes para resistir de la mejor manera la campaña en su contra.

Los 156 millones de electores fueron a las urnas también para elegir una tercera parte del Senado, la totalidad de la Cámara de Representantes, así como a gobernadores de los 26 estados, el Distrito Federal y los parlamentos regionales. Los resultados favorecen a Bolsonaro, lo que pondría a Lula en una situación difícil de gobernabilidad de ganar la segunda vuelta. Como paradoja, el actual gobernante se hizo elegir con un discurso anticorrupción y cambio profundo de la política en Brasil. Sin embargo, tiene acusaciones por malos manejos de dineros públicos que lo salpican a él y a su entorno familiar. De otro lado, pactó con un importante grupo de partidos que dominan el Congreso, el llamado Centrao, que se ha beneficiado de burocracia y grandes contratos a cambio de no permitir la destitución del presidente, lo que sí sucedió con Dilma Rousseff.

Así las cosas, los dos candidatos redefinen su estrategia para la segunda vuelta y estarán listos a buscar el apoyo de esa franja de votantes que les pueden dar la victoria. El gran temor radica en que, ante un posible triunfo de Lula, Bolsonaro desconozca el resultado generando una compleja situación para la estabilidad institucional del país, como en su momento lo hizo Trump en Estados Unidos.

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