Colombia2020 y Rutas del Conflicto lanzan plataforma para seguir el pulso al acuerdo de paz

hace 4 horas

Tenemos que hablar del Esmad

Nos apartamos de las voces que proponen acabarlo, pero partiendo de un actuar del Esmad transparente y sin abusos de autoridad.

Un primer paso es que las instituciones del Estado abandonen los discursos que adoptan cuando se presentan abusos en las manifestaciones y sean capaces de reconocer cuando haya fallas en el servicio.Archivo El Espectador

No puede volverse costumbre, sin importar cuáles hayan sido las circunstancias particulares, que cada vez que haya una protesta social que se salga de control, aparezca una persona muerta, o heridos, con presunta participación de miembros del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad). Pero la solución no es, como han sugerido algunos, desmantelar este grupo de la Policía y ya. Debe, sí, darse una discusión que toque las fibras más delicadas del asunto y que se ocultan en los parcos pronunciamientos oficiales.

El director de Medicina Legal, Carlos Valdés, confirmó que la muerte del joven Luis Orlando Saíz, durante las manifestaciones del paro camionero en Duitama (Boyacá), fue causada por el impacto de una granada de gas que le causó un “trauma craneoencefálico severo”. Como lo venían diciendo varios testigos, la persona que disparó fue un integrante del Esmad de la Policía que intentaba controlar las protestas. Es imperativo que el país conozca pronto por qué ocurrieron estos hechos y cuáles son las medidas que tomarán las autoridades relevantes.

Según el general Jorge Nieto, director de la Policía, el Esmad usó una “fuerza proporcional”, dado que se estaban defendiendo de ataques “con piedras, palos, artefactos explosivos y bombas incendiarias”. Por su parte, el coronel Elías Baquero, comandante de la Policía de Boyacá, dijo que “lo cierto es que esta persona estaba dentro de la turba que estaba atacando no solo a la Policía, sino rompiendo vidrios de casas, atacando vehículos pequeños, tumbaban motos para aprovechar que gotea gasolina y prenderle candela”. Esa posición, entendible pues las vías de hecho que suelen adoptar algunos manifestantes son por completo inaceptables y una perversión del derecho a la protesta, no deja de ser algo miope a la realidad de que el poder conferido al Esmad en situaciones de caos se presta con facilidad para que haya abusos de autoridad.

Especialmente porque esta situación no es nueva y sigue un patrón similar: ocurre una tragedia que involucra a un agente del Esmad, las primeras versiones invitan a criminalizar a la víctima (lo primero que dijo la Policía en el caso de Saíz fue que su muerte posiblemente la había causado él mismo por manipulación de explosivos artesanales), los testigos y manifestantes denuncian la culpa del agente, un dictamen les da la razón, se anuncian investigaciones (el fiscal (e) Jorge Perdomo dijo que está indagando sobre lo ocurrido con Saíz), la Policía mantiene su mensaje firme de que no hizo nada malo y todo queda ahí... Hasta que llega otra nueva protesta, ocurren hechos análogos y el ciclo sigue su curso. La pregunta sin resolver es si no hay otra forma de enfrentar los disturbios que evite por completo la mortalidad en grupos que ya de por sí son marginados.

Estados Unidos vive hoy una tensión latente precisamente porque su Policía, altamente militarizada, ha estado involucrada en muertes de personas pertenecientes a minorías y esos hechos quedan impunes o son absueltos sin mayores explicaciones. Esa desconfianza engendra más violencia y hace que ciertos grupos poblacionales vean a los policías como sus enemigos, no como las personas que deben protegerlos.

No podemos permitir que pase lo mismo en Colombia, si es que no estamos ya en un contexto donde esa es la norma. Hace poco, el presidente Juan Manuel Santos dijo que con el acuerdo de La Habana “vamos a ver más movilizaciones y protestas sociales, porque ya no va a ser en las selvas a punta de bala, sino por las vías democráticas, como se solucionen las diferencias de nuestra sociedad”, y que por eso “el papel del Esmad se vuelve especialmente importante para preservar la seguridad en todo el territorio”.

Estamos de acuerdo y nos apartamos de las voces que ahora proponen acabarlo, pero partiendo del entendido de que todo el actuar del Esmad debe ser transparente y enfocado a que no haya abusos de autoridad. Es necesario reconstruir la confianza y que la protesta social deje de recibir el estigma de ser violenta. Quienes incurran en vías de hecho deben responder ante la justicia, pero que ellos hagan que las situaciones se salgan de madre no autoriza a los agentes estatales para hacer lo mismo. Un primer paso es que las instituciones del Estado abandonen los discursos que adoptan cuando ocurren hechos tan lamentables y sean capaces de reconocer cuando haya fallas en el servicio. Que los manifestantes sientan que la Policía no es el enemigo —pues, de hecho, no lo es— y que también está ahí para protegerlos a ellos. De lo contrario, sólo estaríamos sembrando las semillas para seguir en conflicto.

 

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