Ante la tragedia, una Colombia solidaria

Surgieron, en Colombia, actos de solidaridad que, si bien nunca son suficientes ante un dolor de esta magnitud, deben ser motivo de esperanza y de ejemplo para marcar un camino a seguir para el país.

El acto en el Atanasio Girardot, que convocó a cerca de 40 mil personas dentro del estadio y otros miles más por fuera, fue una conmovedora muestra de la solidaridad del país; de que somos capaces de abrazarnos ante la tragedia.Archivo/AFP

Demasiadas veces en la historia nacional el país se ha quedado sin palabras ante las tragedias que nos abruman de dolor. Estamos tristemente acostumbrados a levantarnos con noticias devastadoras, de esas que son incomprensibles y que nos recuerdan la fragilidad de todo. Tal vez, por eso mismo, hemos aprendido a reaccionar con el corazón en la mano y conocemos la importancia de la solidaridad, del abrazo colectivo, de compartir el duelo para hacer un poco más llevadero el sufrimiento. Esta semana, después de lo ocurrido con el avión que transportaba al club Chapecoense de fútbol hasta Medellín, Colombia demostró su versión más bondadosa.

 Hacia las 9:30 p.m. del lunes 28 de noviembre se perdió la comunicación con un avión de LaMía que llevaba a los jugadores del Chapecoense, periodistas que acompañaban al equipo y otros pasajeros. Iban camino a una final histórica en la Copa Sudamericana, a enfrentarse contra el Atlético Nacional en Medellín, después de una campaña donde el Chapecoense había superado las expectativas y creado una de esas historias de superación contra las probabilidades que el deporte nos da cada tanto. Sin embargo, ocurrió la tragedia: un accidente donde 71 personas murieron (19 jugadores del club brasileño) y otras seis sobrevivieron con lesiones serias. El mundo entero quedó atónito.

No obstante, en ese silencio producto del desastre, surgieron, en Colombia, actos de solidaridad que, si bien nunca son suficientes ante un dolor de esta magnitud, deben ser motivo de esperanza y de ejemplo para marcar un camino a seguir para el país. Primero, por supuesto, la reacción veloz de las autoridades que llegaron a una zona de difícil acceso y empezaron las labores de rescate. Gracias al actuar de esas personas se pudo encontrar aún con vida a varios pasajeros y remitirlos a centros médicos. Su trabajo fue esencial para salvar la vida de personas y se debió a la preparación que han tenido. En los momentos de crisis, da seguridad saber que contamos con personas capaces y dispuestas para atender las urgencias. Los agradecimientos que han venido desde Brasil y el mundo entero son merecidos.

 Segundo, ya en el plano simbólico —que no es menor—, el primer gesto de grandeza vino por parte del Atlético Nacional, que  solicitó a la Conmebol que el título de la Copa Sudamericana se le otorgara al Chapecoense y el premio a las familias víctimas. Un acto que demuestra cómo el fútbol crea la oportunidad de ayudar a reparar las heridas de la vida y que, además, debe ser una invitación para todas las personas que han convertido el deporte en un espectáculo que justifica la violencia. Esa sensación de unidad y respeto que generó la petición del Atlético Nacional debería ser la norma en nuestros estadios. Si disfrutamos el fútbol en paz, creamos ambientes de reconciliación. También felicitamos al Independiente Santa Fe, campeón el año pasado de la Sudamericana, por haberle regalado al Chapecoense una réplica de su Copa. El mensaje fue claro y contundente: todos estamos acompañando el duelo de los brasileños.

Tercero, el acto en el Atanasio Girardot, que convocó a cerca de 40 mil personas dentro del estadio y otros miles más por fuera, fue una conmovedora muestra de la solidaridad del país; de que somos capaces de abrazarnos ante la tragedia. “En estos momentos de tanta tristeza las expresiones de solidaridad que acá encontramos nos ofrecen un grado de consuelo inmenso. Una luz en la oscuridad. Los brasileños no olvidaremos, jamás, la forma como los colombianos sintieron como suyo el terrible desastre que interrumpió el sueño de ese heroico equipo de Chapecoense”, dijo José Serra, ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, durante la ceremonia. Que Colombia tampoco olvide, jamás, de lo que es capaz cuando se une con el objetivo de la reconciliación. Y que no tengan que ocurrir tragedias para que esa esencia colombiana salga a flote.

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