Un baile irresponsable

Verificados y verificadores, por la naturaleza de esos roles, no deben verse como “amigos”.

El rol de los verificadores es precisamente generar tranquilidad en todos los colombianos, especialmente en aquellos que aún creen que el proceso de paz es una farsa y que se les están otorgando innecesarias concesiones a las Farc. / Foto: Captura Efe.

Causó escándalo e indignación un video filtrado donde se ve a los verificadores de las Naciones Unida bailando con guerrilleros de las Farc en el contexto de la celebración del nuevo año. Aunque las dudas sobre la imparcialidad de la ONU son exageradas y abundan quienes quieren sacar provecho político para sabotear el proceso de paz, el acto es una irresponsabilidad que pone innecesariamente en riesgo la legitimidad de la supervisión internacional.

Ante las imágenes, Timoleón Jiménez, líder de las Farc, declaró en su cuenta de Twitter que “el escándalo de la semana es que celebramos la bienvenida del #AñoNuevo”. Si bien es cierto que varias personas han aprovechado en varias ocasiones para repudiar el ver a los guerrilleros de las Farc en actividades a las que todo ser humano tiene derecho, consideramos que la discusión de fondo en este caso es mucho más delicada y es indebido desviar el debate apelando a ese tipo de argumentos extremos.

Mucho más razonable fue la reacción de la Misión de la ONU en Colombia, al declarar que “Este comportamiento es inapropiado y no refleja los valores de profesionalismo e imparcialidad de la Misión”. ¿Estamos acaso exagerando un simple gesto de humanidad?

Aunque bailar con los guerrilleros no viola ninguna regulación ni, por más que lo insistan los interesados políticos, es motivo suficiente para dudar de la imparcialidad de la ONU, los símbolos importan mucho, más en un proceso que ha sido tan polarizado y que ha estado plagado de desconfianza.

Verificados y verificadores, por la naturaleza de esos roles, no deben verse como “amigos”. El rol de los verificadores es precisamente generar tranquilidad en todos los colombianos, especialmente en aquellos que aún creen que el proceso de paz es una farsa y que se les están otorgando innecesarias concesiones a las Farc.

En un ámbito político lleno de retórica que invita a dudar de todo, esta clase de situaciones se prestan como el fuego que necesitan quienes aún quieren obstaculizar el proceso de paz. Aunque las reacciones han sido exageradas (¿dónde está la honestidad intelectual de aquellos que siguen con la idea de una conspiración internacional en contra de los colombianos por apoyar el proceso de paz?), no deben ser desestimadas como radicalismos sin sentido. Esa clase de posición arrogante salió muy cara en el plebiscito y ahora que toda la implementación se hará por el Congreso, puede seguir debilitando la legitimidad en un año electoral.

Nos parece que las sanciones anunciadas por la Misión de la ONU deben ser contundentes. Así las credenciales de los verificadores involucrados sean impecables (y no tenemos motivos para creer lo contrario), la realidad es que este descuido ha manchado su imagen ante el país e, insistimos, el frágil proceso no puede cargar con lastres innecesarios.

Por supuesto que las Farc tienen derecho a bailar, pero no tienen por qué hacerlo con quienes están vigilando su desarme y buen comportamiento. Todo lo que tenga que ver con el proceso de paz debe realizarse con transparencia y, sobre todo, teniendo en cuenta el nerviosismo de muchos colombianos. La construcción de la confianza debe ser el principal esfuerzo en este momento, para convencer al país de los beneficios del acuerdo de paz.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a [email protected]

Temas relacionados

 

últimas noticias

Hay que defender la justicia transicional

Dejad que los niños vengan a mí

El caso de Jaime Garzón no está cerrado

El glifosato vuelve y juega