Un gesto de paz del Eln

Ojalá el Eln siga en esa senda que este anuncio inicia, deje a un lado la soberbia y aproveche la coyuntura.

El Eln debe entender que necesita ganarse la confianza del pueblo colombiano si quiere tener futuro político.

En un acto bienvenido, el Eln anunció que durante esta semana previa al plebiscito y el día de la votación no realizará acciones ofensivas (aunque sí defensivas en los casos que considere necesarios) y le hizo un llamado al Gobierno a no causar enfrentamientos. Lo más importante de este anuncio es que parece que por fin ese grupo guerrillero está empezando a entender que sin gestos de buena voluntad con la población, su viabilidad política es nula.

La declaratoria de la guerrilla fue una respuesta a partir de una petición de la Misión de Observación Electoral (MOE). “Nuestra disposición es que no haya un accionar ofensivo del Eln en esos días del plebiscito para facilitar la participación de la gente”, dijo Pablo Beltrán en nombre del Eln. También agregó que “mal haríamos nosotros en llamar a que haya participación de la sociedad (en las votaciones) y nosotros obstaculizarla”, y que respetan todo el proceso de refrendación de los acuerdos entre el Gobierno y las Farc.

Además del cese el fuego durante el plebiscito, en la declaración difundida, Beltrán dijo que ya encontraron una solución para darles cabida a las “nuevas exigencias que ha puesto el Gobierno sobre la mesa”, mediante el pacto de “acuerdos bilaterales” con temas como el “de la retención”, para así poder viajar a Quito, Ecuador, a iniciar la fase pública de las negociaciones.

Contrario a lo que dice el Eln, este sí es un cambio notable en la actitud que había adoptado durante las etapas de acercamiento con el Gobierno. De una guerrilla arrogante y desafiante —muy parecida a las Farc que comenzaron las negociaciones—, ahora muestra que la posición firme del equipo del Estado colombiano, especialmente en el tema del secuestro, ha servido para que afloje sus posiciones tercas.

En una entrevista el domingo pasado con El Espectador, Sergio Jaramillo, alto comisionado para la Paz, decía que “las Farc al fin están entendiendo que su futuro depende de la opinión de los colombianos”, y les sugería que “oigan más a los colombianos”. Lo mismo puede decirse del Eln, al que se le ha hecho tarde para echar a andar la salida negociada. Aunque es verdad que en la mesa se sienta la guerrilla con delegados del Gobierno, en realidad la paz se hace con la población que ha tenido que sufrir los efectos del conflicto, como hemos visto en el aterrizaje del acuerdo con las Farc. Si los colombianos no creen en la voluntad de paz del Eln, será imposible que ese proceso eche a andar por camino firme.

En ese sentido, bienvenido el anuncio de no realizar ataques esta semana. Los atentados recientes sólo han creado más enemistad entre la población y han servido de leña para el fuego retórico de quienes pretenden echar para atrás todos los esfuerzos de paz. Mal haría el Eln, para sus intereses y para los del país entero, en no reconocer que esta es una oportunidad histórica para dejar atrás la violencia como arma política, y que la puerta puede cerrarse pronto. Ojalá siga en esa senda que este anuncio inicia, deje a un lado la soberbia y aproveche la coyuntura.

Esperamos, entonces, que sea cierto que pronto se dará a conocer un acuerdo sobre el secuestro —el Eln también tiene la mala maña de las Farc de no llamarlo por su nombre—. Si esa guerrilla sueña con un futuro político, el primer paso es dejar de creer que su electorado los va a aceptar sin abandonar esa práctica. Es hora de voltear la hoja.

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