Un Nobel de Paz en medio de la tensión

Aunque hay muchos interrogantes sobre la paz, el premio Nobel para el presidente Juan Manuel Santos es un merecido reconocimiento para él y su equipo.

Felicitamos al presidente Juan Manuel Santos y a todo su equipo, y le agradecemos por sus esfuerzos a lo largo de estos años. / Foto: AFP

Lo dijimos en su momento y hoy es pertinente repetirlo: el presidente Juan Manual Santos merece el Nobel de Paz que la academia noruega le entregó como reconocimiento a su trabajo y como impulso en el momento más frágil del proceso de paz con las Farc. Aunque aún hay cierto grado de incertidumbre sobre cómo se va a implementar lo acordado con las Farc y queda el enorme reto de dotar al pacto de legitimidad ante los colombianos, gracias al presidente y a su equipo hoy estamos más cerca que nunca de terminar el conflicto armado con ese grupo armado.

La ceremonia celebrada esta madrugada en Oslo, Noruega, donde le entregaron el Nobel de Paz al presidente Santos, se había convertido en un punto de nerviosismo en el país. Después de la sorpresiva victoria del No en el plebiscito, la incertidumbre sobre el futuro del proceso con las Farc reinaba con un Gobierno sin un plan B y unos voceros de la oposición al acuerdo que tampoco estaban preparados para ofrecer alternativas viables. Las movilizaciones sociales masivas de esos días sirvieron como recordatorio de que los colombianos no estaban dispuestos a perder lo avanzado, y luego llegó el Nobel como el apoyo de la comunidad internacional que le pedía al país no ignorar su coyuntura histórica. El mismo presidente lo reconoció el viernes en Noruega, al decir que el premio “vino como caído del cielo. Fue una gran ayuda para mí, los negociadores y para todo el pueblo colombiano”, pues era un “enorme impulso” para conseguir “un sueño imposible”. No exagera el mandatario.

Quedaba la pregunta de si iba a ser posible llegar a la ceremonia del premio con un proceso salvado. Afortunadamente, el presidente y su equipo negociador demostraron nuevamente las habilidades que los hicieron merecedores del reconocimiento. No era nada sencillo: entre los voceros del No había un espectro amplio de propuestas, muchas de ellas incompatibles entre sí y otras tantas que hubiesen condenado por completo el proceso; las Farc anunciaron que estaban dispuestas a conversar, pero seguían con sus líneas rojas, y el mismo equipo del Gobierno tenía que sacudirse la frustración de haber sido derrotado en las urnas. Aun así, actualmente hay un nuevo acuerdo de paz que fue refrendado por el Congreso.

Más impresionante aún, y contrario a lo que han dicho varios voceros del No, el nuevo texto entre las Farc y el Gobierno sí introdujo cambios sustanciales y responde a un alto porcentaje de los reclamos de los colombianos que se opusieron en el plebiscito. Eso se debe, sin duda, a la capacidad de mediación que ya nos había demostrado el equipo del Ejecutivo durante los años de negociación con la guerrilla.

Quedan, no obstante, muchos interrogantes. El primero es qué va a pasar con la implementación del acuerdo, y si la Corte Constitucional, convocada sobre el tema para este lunes, revivirá el fast track. El segundo es que hay una oposición política feroz al nuevo acuerdo, y mientras eso continúe será imposible superar la polarización y asegurar que todos estos esfuerzos no se pierdan en las elecciones del 2018. El tercero, y tal vez el más importante, es que haber decidido refrendar el nuevo pacto en el Congreso, aunque, como lo dijimos, nos parece adecuado, sí requiere de medidas que ayuden a dotar de legitimidad democrática el acuerdo, que convenzan a los colombianos de que la paz es un proceso de construcción colectiva al que vale la pena apostarle, y no un capricho del Gobierno.

Pese a esto, felicitamos al presidente y a todo su equipo, y le agradecemos por sus esfuerzos a lo largo de estos años.

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