Una Semana Santa violenta

El Eln y los demás grupos armados les siguen robando a los colombianos. / Foto: AFP

No ha sido una Semana Santa pacífica. Se volvió a atentar contra el oleoducto Caño Limón-Coveñas y el Ejército ha estado en combates en el Bajo Cauca con estructuras del Clan del Golfo. También hay sospechas de amenazas provenientes de la guerrilla del Eln. Es descorazonador ver que los armados siguen lejos de una salida pronta a los conflictos.

Con el Eln, no hay señales de que las muestras de “buena voluntad” que ha ofrecido la guerrilla sean ciertas. Ayer, el general Nicacio Martínez, comandante del Ejército Nacional, dijo que “la voladura del oleoducto Caño Limón-Coveñas en la vereda Guachimán, en el punto conocido como El 6 de Tibú, lo demuestra. Allí se registraron dos afectaciones, una en el kilómetro 461 y la otra en el 470, hace dos días. Afectan el medio ambiente”.

Los pobladores también se vieron afectados. En Tibú, municipio de Norte de Santander, se tuvo que declarar la emergencia ambiental por el atentado. Ecopetrol puso a disposición del Concejo Municipal de Gestión del Riesgo y Desastres de Tibú nueve carrotanques para el suministro de agua potable a los habitantes de este municipio.

El Eln y los demás grupos armados les siguen robando a los colombianos. El año pasado, Ecopetrol contó cómo, en toda su historia, el oleoducto Caño Limón-Coveñas había sufrido 1.470 atentados y ha estado por fuera de operación el equivalente a más de diez años. Esos números siguen aumentando, lo que ha representado que Colombia pierda cerca de US$277,5 millones de sus finanzas. Es decir, todos perdemos por la terquedad de la guerrilla y su incapacidad de aprovechar el momento histórico.

El general Martínez también compartió otro dato angustiante. Según las estadísticas del Ejército, “cerca del 49% de personas que ingresan a estos grupos (armados al margen de la ley) son menores”. Seguimos luchando un conflicto inhumano, indigno y que les arrebata a los niños del país su futuro.

Mientras tanto, en el Bajo Cauca, el Ejército ha estado en enfrentamientos con el Clan del Golfo, que busca mantener el control sobre las rutas del narcotráfico. La presencia del Ejército, necesaria en la zona, ha sido recibida con amenazas y atentados que han tenido que ser contrarrestados con fuerza. La pregunta es cuánto tiempo más va a durar esa situación si no hay un cambio ambicioso en la política del Estado para luchar contra las drogas. ¿Estamos condenados al prohibicionismo ineficiente ad infinitum?

Por supuesto, la Fuerza Pública no tiene, en este momento, otra opción que seguir utilizando el garrote. El Eln no fue capaz de aceptar las constantes zanahorias ofrecidas por el país y su intransigencia lo llevó al recrudecimiento del conflicto. El Clan del Golfo y todas las organizaciones criminales similares, financiadas por el narcotráfico, parecen muy cómodas con la clandestinidad. Ante eso, el Estado solo puede seguir siendo vehemente en su lucha por controlar el monopolio de la fuerza.

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2019-04-18T00:00:00-05:00

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