¿Cómo responder a los retos en materia de medio ambiente y desarrollo sostenible?

hace 1 hora

¿Vamos a perder la batalla contra la malaria?

Colombia es el tercer país con el mayor número de casos en el continente, detrás de Venezuela y Brasil, pero uno de los que menos invierten por cada habitante en riesgo de contraer la enfermedad. / Carolina García Arbeláez

El más reciente Informe mundial sobre la malaria, dado a conocer la semana pasada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), encendió las alarmas sobre el retroceso en la batalla contra la enfermedad. A pesar de los enormes avances alcanzados en este siglo, entre el 2014 y el 2016 los casos de malaria han venido aumentando leve pero consistentemente en todo el mundo, por primera vez en casi dos décadas. La comunidad internacional, y en particular las autoridades sanitarias en Colombia, deben redoblar los esfuerzos si no queremos perder el terreno ganado.

La lucha contra la malaria se ha vuelto víctima de su propio éxito. Tras incluirse entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, las muertes cayeron un 60 % a nivel mundial entre el 2000 y el 2015, algo sin precedentes. Nos confiamos tanto que desviamos la atención del problema, con efectos preocupantes. La financiación de los programas dedicados a combatir la enfermedad está estancada desde el 2010, amenazando con revertir el camino hacia la erradicación. Según Pedro Alonso, director del programa de malaria de la OMS, “por primera vez podemos decir con seguridad que hemos dejado de progresar. (...) Sabemos qué pasa cuando dejamos de presionar. La malaria vuelve para vengarse”.

Los resultados del informe indican la necesidad de una mayor inversión en el control de la enfermedad, particularmente de los propios países endémicos, como Colombia. Somos el tercer país con el mayor número de casos en el continente, detrás de Venezuela y Brasil, pero uno de los que menos invierten por habitante en riesgo de contraer la enfermedad. Según el informe de la OMS, el país registró un importante incremento en el número de casos, que pasó de 74.100 enfermos en 2015 a casi el doble, 134.000, en 2016.

Sin embargo, de acuerdo con Alonso, el aumento se puede deber, además de a factores climáticos, a que con el proceso de paz se “está accediendo a información que antes no había, se están diagnosticando casos que antes no se podían diagnosticar. El proceso de paz es una noticia extraordinaria, histórica y, aunque parezca un contrasentido, aunque haya más casos, ahora se está pudiendo acceder a zonas donde se va a poder trabajar y se podrá avanzar hacia la eliminación”. La ausencia del Estado en zonas afectadas por la violencia propició los subregistros. Uno de los retos —y oportunidades— del posconflicto será justamente que las redes de diagnóstico y tratamiento lleguen a estas zonas.

Según Vladimir Corredor, profesor del Departamento de Salud Pública de la Universidad Nacional, la minería ilegal, particularmente en Chocó, que concentra la mayoría de los casos de malaria del país, es uno de los principales agravantes, porque “abre pozos en los que se crían y multiplican los mosquitos y causa grandes migraciones que no tienen ninguna inmunidad contra la enfermedad”.

Otro factor que ha puesto en alerta al Ministerio de Salud colombiano es la difícil situación de Venezuela. El informe de la OMS coincidió con la declaración de emergencia sanitaria en ese país por la Asamblea Nacional, debido a que se registraron más de 206.000 casos de malaria en sólo diez meses y se prevé que la cifra se duplique a nivel nacional por la escasez de medicamentos. Junto con el incremento de emigrantes provenientes de Venezuela, el Ministerio de Salud ha reportado más casos de malaria en regiones fronterizas, como Norte de Santander, La Guajira y Arauca.

Estamos en un momento crucial de la lucha contra esta enfermedad, que cobra las vidas de medio millón de personas cada año en el mundo. Colombia no puede bajar la guardia ahora que tiene más herramientas que nunca para combatirla. Sólo falta voluntad.

 

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