Varios Retos

El presidente recién reelegido, Juan Manuel Santos, no la tiene fácil en estos cuatro años nuevos que le quedan de gobierno. Recibe ahora un mandato popular que, en primer lugar, deberá ir encaminado al logro difícil de un acuerdo con la guerrilla de las Farc (muy probablemente con el Eln también). Un acuerdo que siente las bases de una paz verdadera: esto es, con justicia, verdad, reparación y garantías de no repetición. Un combo que incluye, por supuesto, la transformación absoluta de este país hacia la reconciliación real y hacia una serie de reformas que deben ser aprobadas para que toda la geografía (capital y regiones) mute a una era real de posconflicto: una reforma al campo, por ejemplo; un nuevo tratamiento de los cultivos ilícitos, por ejemplo; un cambio de enfoque hacia el rol de la oposición política, por ejemplo.

Grandes cosas que no sólo necesitarán el visto bueno de la sociedad, sino también el del Congreso, su representante natural. El panorama que le resta, por demás, será convencer a distintos sectores políticos que están pendientes de este salto hacia el fin del conflicto. Y este Legislativo que le toca no es el mismo que el de hace cuatro años: no goza de la misma favorabilidad ni apoyo. Y bien haría el presidente, como no nos cansaremos de decirlo, en sentarse a hablar con sus principales opositores. Y ellos igual: ojalá entiendan ante la oportunidad que estamos para que ayuden a darle mejor forma.

Por ahí derecho, aún faltan cambios estructurales al margen del fin del conflicto. A nuestros ojos son cuatro los más importantes: educación, salud, justicia e infraestructura. Cuatro temas de los que depende el progreso de esta sociedad. Cada uno de ellos, tratado infructuosamente en el período que ya acaba, debe ser prioritario en esta agenda del nuevo gobierno. ¿Cómo? ¿Cómo adelantar las grandes reformas que el Congreso pasado, o no pudo aprobar, o lo hizo y se cayeron luego por sus fallas?

Para esto, por supuesto, hay que pensar desde ya en la gobernabilidad. No es un misterio que el presidente Santos llegó a este segundo gobierno echando mano de muchos sectores que lo apoyaron en su idea de la paz. ¿Cómo hará para gobernar con ellos? ¿Qué tipo de alianzas veremos en estos cuatro años para que exista cierto tipo de maniobra dentro del complejo mundo de lo que es hacer política? Y, también, ¿qué tan comprometido quedó en su afán por buscar votos después de haber salido derrotado en la primera vuelta, y cómo va a manejar esos compromisos? Es claro que si el presidente no llegó solo, no podrá gobernar solo. Y más vale, por el bien de la Nación, que estos arreglos y retribuciones los haga pensando en intereses mayores. En esto tendrá que tener un guante de seda, muchísima delicadeza, pero ante todo mucha firmeza para no dejarse maniatar.

Y siempre tener en cuenta que, como ejecutor de las políticas públicas, hace falta, no sólo pensar a gran escala, sino también en mecanismos expeditos y legales que redunden en grandes transformaciones: ¿cuáles van a ser esas pequeñas reformas que adelantará en los distintos sectores? ¿No hay suficientes expertos opinando ya de lo que puede hacerse en la educación o en la salud sin la necesidad de una reforma constitucional entera? ¿Qué hará con los códigos procesales que supondrían agilidad en el interior de la Rama Judicial? ¿Y qué con los decretos del sector salud? Queda mucho por hacer a un nivel más práctico. Llegó la hora de pensar en esto, mucho más allá del espectáculo mediático que supone una gran reforma, en la que puede ser presa fácil de tanto compromiso por pagar. Los cambios también se dan en pequeño, con resultados tangibles para la gente.

Ya veremos, pues, qué pasa en estos cuatro años que se vienen. Desde acá, claro, estaremos vigilantes. 

 

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