La vida de Domínguez

El pasado viernes, en el barrio Bachué, en el occidente de Bogotá, delincuentes comunes acabaron con la vida del soldado exsecuestrado William Domínguez.

Al parecer el asesinato se perpetró con varios tiros y una puñalada en el pecho. Lamentable cierre a una vida de cambios drásticos. Él mismo parecía vaticinarlo en la canción que lo hizo famoso en 2009 cuando, habiendo sido liberado unilateralmente por las Farc, la cantó a todo el país al lado de Álvaro Uribe Vélez, presidente de entonces. “Cómo nos cambia la vida”, cantaba Domínguez, en una voz entrecortada por los nervios que conmovió a todo el mundo. La de él, su vida, que contaba apenas con poco menos de 30 años, tuvo todos los posibles altibajos que provoca el conflicto armado que atraviesa el país desde hace medio siglo. Domínguez pareció encarnar todos los problemas de los que padece Colombia.

Salió de su casa para volverse soldado del Ejército. Lo logró. Después de esto fue a combatir a la guerrilla en el monte, tras lo cual fue secuestrado durante un combate. Tuvo que soportar el calvario del cautiverio durante dos años. En 2009 la guerrilla lo liberó unilateralmente y salió de cara al país cantando una canción. Las cámaras se posaron encima de él y recorrió todos los medios; incluso llegó a grabar “Cómo nos cambia la vida”. Es decir, fue famoso por unos días, tal vez algunos meses. Después el país, poco a poco, se olvidó de Domínguez, quien a su vez entró en una etapa de depresión producida probablemente por las secuelas del secuestro. Pidió la baja del Ejército, que fue concedida, de acuerdo a declaraciones de las Fuerzas Armadas, con una pensión de invalidez. Dicen algunas fuentes que el soldado empezó a consumir drogas alucinógenas —asunto que la familia niega, pero que en este escenario no sería tan extraño suponer que es verdad— y, finalmente, murió en una calle a manos de la delincuencia urbana. ¿Cómo es posible que le pase todo esto a un joven que no vivió 30 años? Domínguez parece ser el ejemplo perfecto de lo devastadora que es la guerra en Colombia: la sangre, el secuestro, la libertad, la fama, el olvido, la depresión en silencio y la violencia asesina. Todo.

Se ha hablado mucho acerca de cómo el Ejército desprotegió a uno de sus soldados. A uno de los héroes que tanto pregonan que tienen. El Ejército, por su parte, ha respondido diciendo que sí atendió a Domínguez por medio de la pensión por invalidez y que lamenta mucho su muerte. Lo que nadie alcanza a ver es la dimensión tan grande de los hechos que rodearon al soldado: Domínguez transitó el camino entero de la guerra en Colombia en un tiempo muy corto. ¿Y ése, acaso, es el destino de todos los que están inmersos en ella? El Ejército, a través de sus comunicados sobre el caso, ha dicho que no, que muchos otros exsecuestrados liberados continúan ascendiendo en la línea militar. ¿Será cierto que el caso de Domínguez es aislado y no la regla general? ¿Los exsecuestrados, después de un show mediático tremendo, no están olvidados en este país? Habrá que revisar muy bien qué es lo que causa la guerra entre quienes tienen que vivirla. Porque el caso de Domínguez es triste por donde se lo vea. En el fondo es una víctima más de ese conflicto que no cesa. Ojalá, más allá de las condolencias —necesarias—, podamos aprender de este triste caso y darnos cuenta de en qué estamos fallando.

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