Y ahora, ¿“maldito El Niño”?

EL GOBIERNO DEL PRESIDENTE Santos se inició, en sus propias palabras, con “la maldita Niña”. Y podría terminar con un “maldito El Niño”, el evento extremo contrario. Los organismos que monitorean el clima anuncian que para junio se han acentuado las condiciones anómalas de temperatura del océano Pacífico y posiblemente ya estaríamos entrando en El Niño.

Pero, más allá de tener que tomar medidas de ahorro del agua, ¿cuál es su significado? Cuatro años de intervalo entre los eventos extremos es un periodo relativamente corto, pero no inusual. Menos predecible hubiera sido, como ocurrió en el lapso 2009-2010, la transición en menos de 360 días de un evento de menor precipitación a la llamada ola invernal.

Para los científicos, la evidencia sugiere que la variabilidad del clima continuaría acentuándose. La certeza contundente solo podrá revelarse en series climatológicas de varias décadas. Pero en lo que se refiere a las consecuencias, ya sabemos lo suficiente como para actuar. Porque la otra cara de la amenaza climática es la vulnerabilidad, que no viene del cielo. Pero en no pocas ocasiones la respuesta a la emergencia de los extremos climáticos contribuye a aumentar la vulnerabilidad.

Un ejemplo didáctico de cómo una respuesta a la emergencia climática podría ser contraria a la adaptación está en la laguna de Fúquene. El quinto Informe Nacional sobre el estado de la biodiversidad hace notar que en esta laguna la sequía del 2009, que antecedió los excesos hídricos de 2010, demuestra la poca flexibilidad que tiene este sistema de producción de leche, pues en ambos eventos climáticos extremos trajeron gran mortandad de vacunos y al final en la pasada La Niña se produjo un colapso del sistema productivo. Pero lo grave es que gran parte de la inversión después del desastre invernal viene dirigida a aumentar la capacidad de drenaje, preparándola mal frente al posible Niño, en el cual podría terminar secándose.

La adaptación no es todavía parte central de las políticas frente al clima, en lo local y lo nacional. El gobierno de Juan Manuel Santos, golpeado por una de las olas invernales más severas que se tenga en la memoria, tuvo que revisar el plan de desarrollo, por cuenta del clima: liberando recursos para conjurar el desastre. El 16% de la infraestructura vial del país fue afectada. Hoy, al final de su gobierno, el país se prepara con nuevas inversiones para prevenir las posibles consecuencias del extremo climático contrario.

A la luz de las ciencias ambientales y del reciente informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático, que desarrolla el tema de la vulnerabilidad, resulta incoherente que no estemos aumentando nuestra capacidad de adaptación. Al contrario, en el mismo plan de desarrollo se pretendió acelerar algunas de las locomotoras que aumentan la vulnerabilidad del territorio a los eventos climáticos.

La lección es clara. Hoy sabemos que la mitigación del cambio climático, es decir, la estabilización o disminución de los gases de efecto de invernadero, tomará décadas. No así el aumento de la vulnerabilidad, que es un tema para hoy y que debería recibir atención preventiva en cualquier plan de desarrollo.


Porque, para afectos del crecimiento económico, nuestro país ya no es solo el de las oportunidades, sino uno de los más vulnerables del mundo al cambio climático. Todo un período de gobierno enmarcado entre extremos climáticos. Un conjunto de lecciones para aprender. 

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