Y el país esperando...

El Congreso ya nos tiene acostumbrados a los extremos: antes, rendido a los pies del presidente Juan Manuel Santos, le aprobaba casi cualquier cosa a pupitrazo limpio.

 Hoy, en cambio, cuando el panorama y la popularidad del gobierno han cambiado, pese a que el presidente le dé mensaje de urgencia a un proyecto, le deshacen el quórum, no votan, se declaran impedidos. Así actúan nuestros representantes, de esta forma deplorable e interesada, para presionar y cobrar por ventanilla.

Es obvio que lo que ha pasado estas semanas con la reforma a la salud, bandera del Gobierno y del ministro de esa cartera, Alejandro Gaviria, tiene que ver con las presiones que vienen desde distintos sectores. Muchas son las razones para que el proyecto esté frenado y se haya hecho esperar tanto tiempo. Muchas las teorías, también, por supuesto, que manan de quienes están más cercanos al Congreso. Y muchas las verdades que nadie se atreve a aceptar pese a que están ahí, enfrente de todos.

Mientras tanto, una reforma que el país necesita de manera innegable (la crisis en la salud es aguda, nos afecta a todos) está siendo aplazada. Parece que eso fuera lo de menos en el Capitolio. Hay muchas otras cosas primero.

Está el lobby que hacen las EPS y los gremios, poderosos, porque se ven afectados por el cambio que se pretende y emprenden su tarea con el músculo que les da haber aportado a muchas de las campañas políticas. Y, en pleno año preelectoral, los congresistas deben cuidarse mucho de no perder a quienes los apoyan. Mientras tanto, que el país espere.

También está el tema de la reducción de los salarios, por obra de unas sentencias del Consejo de Estado, que tiene descontentos a los senadores y representantes: sería inexcusable —pero muy posible— que los congresistas estuvieran volviendo lento el trámite, en una especie de operación tortuga, mientras por decreto les reviven unas primas salariales, como sucederá. Mientras tanto, que el país espere.

Puede ser también el temor a la pérdida de investidura: se declararon impedidos más de 30 congresistas y en eso, en resolver dichos impedimentos, se les fueron tres semanas. Como “vulgar” calificó esta demora el senador Armando Benedetti. No podríamos estar más de acuerdo. Y mientras tanto, que el país espere.

Es obvio que la reforma a la salud puede tener muchas falencias y críticas. Pero es increíble que los debates se retrasen, no por discusiones de fondo sobre el funcionamiento del sistema bajo el eventual nuevo esquema, sino por los intereses particulares de cada quien. Son muchos los actores en el sistema de salud, pero si todos se empeñan en no perder nada de lo que tienen hoy al costo de impedir una reforma, será imposible avanzar. Si el objetivo deja de ser el ciudadano, el paciente, apague y vámonos.

La reforma es la bandera. Pero si el Congreso no quiere estar a la altura sin cobrar una factura impresentable por ello, llegó la hora de que el ministro Gaviria avance en la preparación de los decretos que pueden echar a andar muchos de los correctivos identificados. Una suerte de reforma alternativa que no se ahogue en la burocracia e ineptitud del Legislativo. Ya por ese camino el ministro ha logrado transformaciones aplazadas, verbigracia la regulación de los precios de los medicamentos en mayo pasado. Ahora, por ese mismo camino, podría hacer mucho más, cosas que ya dijo: incluir más enfermedades en la llamada “cuenta de alto costo”, que se gire dinero de manera directa a clínicas y hospitales y otras más.

El país no merece más dilaciones.

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