¿Y la previsión?

En cuestión de minutos, pasadas las ocho de la noche del sábado, la torre 6 del complejo urbano Space, ubicado en el barrio El Poblado de Medellín, una de las zonas más exclusivas de la capital antioqueña, se desplomó en el suelo.

22 pisos se vinieron abajo ante los ojos atónitos de quienes lo presenciaban desde la otra torre: los testigos dicen que nunca habían visto algo así en la vida. El sonido del golpe. La polvareda. Algunos de ellos lo asemejan a lo que sucedió con las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. 

Algo se sabía: fisuras y grietas habían aparecido en partes estructurales del edificio y esto debió haber prendido  las alarmas. Sin embargo, se dieron fue partes de tranquilidad. ¿Por qué? ¿Cómo es posible que los hechos contradigan tanto las teorías de quienes defendieron que nada grave iba a pasar? ¿Por qué resultados tan fatales no pudieron preverse? En la noche del domingo aún había 11 desaparecidos bajo los escombros resultantes. Entre ellos, los obreros que fueron a reparar estos supuestos “males menores”. Sus familiares, entretanto, rezan porque un milagro suceda.  

Lo triste de todo esto es lo que pasó unos días antes. Hubo un colapso en el piso cuarto y el Departamento Administrativo para la Gestión del Riesgo, Emergencias y Desastres de Medellín dijo que se evacuaran a las 24 familias que allí vivían. CDO, la constructora, dijo en cambio que no: deben pesarle hoy a Ilean Arboleda, asesora jurídica de la firma, esas palabras que dijo al respecto: “Tenemos la recomendación de nuestro consultor estructural de que no es necesario evacuar”. Y también, por supuesto, al consultor, Jorge Aristizábal: “Yo revisé toda la estructura y no hay daños en el edificio. Hay fisuras y desprendimientos de elementos estructurales”. Nos preguntamos, entonces,  qué pasó. ¿Por qué quedaron en el aire y bajo el polvo estas tranquilizadoras palabras de un experto?

Es obvio que estos dos nombres suenan mucho en este momento por lo desafortunado de sus declaraciones. Sin embargo, hay muchos más que no pueden pasar de agache en todo esto. El desplome de un edificio en pleno siglo XXI, cuando la construcción ya debería estar más que consolidada, trae a colación una serie de preguntas que, por esa vía, involucran a mucha más gente. 

Tiene que ver con las normas urbanísticas. Con quién y cómo se están construyendo los edificios. Con quién da los permisos. Bajo qué cánones los otorga. Con el control y el manejo de emergencias, entre muchos otros. Claro que la constructora debe responder, es lo más lógico: porque, por su negligencia reiterada, es que las cosas así pasaron. La Alcaldía de Medellín ya los emplazó para que brindaran albergues temporales a los habitantes del complejo Space. “Que nos reubiquen”, dicen los habitantes. No es para menos. ¿Quién en sus cinco sentidos se atrevería a volver a acercarse a este lugar?

Pero la cosa va más allá. La preocupación sobre la construcción sobre las laderas de Medellín se volvió a levantar luego de la tragedia. ¿Necesitaremos más para pensar la ciudad de otra forma? ¿Tendremos que volver a ver algo así para evitar que las constructoras vayan a donde quieran a levantar sus imponentes edificios? Es obvio que, en este caso, la obra fue avalada en un error tras otro. Tendrá que haber indeminzaciones. Tendrá que haber un rescate más oportuno. Pero no podemos pasar la hoja en esto. La pregunta debe seguir abierta para que una tragedia como esta —evitable desde cualquier punto de vista— nunca más se repita.

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