¿Y si escuchamos el mensaje de Francisco?

El llamado de Francisco es a la individualidad de cada colombiano, pues la paz, más allá de los acuerdos, depende de si vamos a ser capaces de disminuir la violencia que permea todos los aspectos de la sociedad. / Foto: AFP

La llegada del papa Francisco a un país fracturado, demasiado cómodo con sus propios odios y ad portas de una campaña electoral que promete ser tóxica y otro motivo más de división, es una oportunidad para hacer un alto en el camino. Las luchas internas que ha dado el sumo pontífice para reformar y actualizar la doctrina de la Iglesia, que le han valido el rechazo de sectores del catolicismo en todo el mundo, son un reflejo de cómo no hay progreso sin cambios difíciles, y también un llamado a abandonar las taras que han plagado nuestro pasado. Qué útil sería que en efecto las palabras del jerarca de la Iglesia católica fuesen una oportunidad para apostarles a la reconciliación y la paz, aunque haya pocos motivos para creer que su mensaje vaya a calar entre los colombianos.

Francisco es el tercer papa en visitar Colombia, pero el primero en venir de manera exclusiva a nuestro país, no como parte de una gira por América Latina. Primero fue Pablo VI en 1968 y luego Juan Pablo II en 1986. Esa última visita en particular marcó un hito en nuestro país, pues se dio después de dos tragedias de las cuales aún nos estamos recuperando: el holocausto del Palacio de Justicia y la avalancha por la erupción de volcán nevado del Ruiz en Armero. En aquel entonces, Juan Pablo II le habló a un país herido por su propia violencia y por la dificultad de enfrentar los desastres naturales.

Hoy, la Colombia que encuentra Francisco es una mezcla extraña de esperanza y desazón. Aunque la Iglesia católica ha insistido en que el papa no viene a refrendar el Acuerdo de La Habana, no puede imaginarse esta visita sin esa coyuntura. Desde su llegada al Vaticano, el argentino ha sido un defensor de los diálogos entre enemigos, de la reconciliación en medio de diferencias profundas. Por eso, inevitablemente su presencia es una respuesta a un país que todavía no se convence de la oportunidad histórica que representa la desmovilización de las Farc. En un mensaje a Colombia, Francisco dijo que reconoce “la constancia en busca de la paz y la armonía” del pueblo colombiano y reitera que la paz debe ser “estable, duradera, para vernos y tratarnos como hermanos, nunca como enemigos”.

No obstante el lenguaje empleado, sería contraproducente leerlo en términos políticos. El llamado de Francisco es a la individualidad de cada colombiano, pues la paz, más allá de los acuerdos, depende de si vamos a ser capaces de disminuir la violencia que permea todos los aspectos de la sociedad. El papa, en su mensaje, dice que los colombianos somos “hombres y mujeres que han trabajado con tesón y constancia para que (el país) sea un lugar donde reinen la armonía y la fraternidad”. También explicó que eligió el lema “Demos el primer paso” porque “nos recuerda que siempre se necesita dar un primer paso para cualquier actividad y proyecto. También nos empuja a ser los primeros para amar, para crear puentes, para crear fraternidad”.

Entonces, su visita a cuatro ciudades, donde oficiará cuatro misas, pronunciará 12 discursos y se reunirá con víctimas del conflicto, es una invitación y un reto: ¿seremos capaces de ser esa versión de colombianos que él ve en nosotros? Esa pregunta trasciende religiones, pues apela al corazón de la sociedad. ¿Podemos ser una Colombia construida sobre la paz y la reconciliación? Después de estos días, ¿cómo responderán los colombianos?

 

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