Por: Rafael Orduz

Educación: ¿conceptos o practicidad?

¿Debe estar orietada la educación de niños y jóvenes a la resolución de problemas? Si así fuera, ¿cuál es la mejor manera? ¿Entrenar a los estudiantes en la solución aplicada de problemas? ¿O buscar una formación en el dominio de conceptos que les permita a los estudiantes extrapolar y resolverlos?

Se discute hoy acerca de cómo (y para qué) preparar niños y jóvenes en campos como las matemáticas, las ciencias naturales y la comprensión de lectura.
Los resultados de las pruebas PISA, impulsadas por el club de los países más pudientes, OCDE, son tan sólo unos de varios indicadores que tienen en ascuas a las autoridades educativas, aunque en Colombia el tema no trasnocha a muchos. ¿Cómo es posible que jóvenes de barrios relativamente pobres de Shanghái obtengan mejor puntaje que aquellos de colegios de alto presupuesto en Estados Unidos?

La respuesta no es simple. En Shanghái se está rompiendo el círculo vicioso de la calidad de la educación (peor calidad para los más pobres) subsidiando el pago de excelentes maestros en las zonas de mayor vulnerabilidad social.

Sin embargo, la clave está también en cómo se enseña. En Shanghái y, en general, en los países de mejor desempeño en las pruebas PISA, el énfasis está en los conceptos básicos. La aplicación práctica, sin duda la prueba de fuego de la realidad, es lo último.

La vía del subdesarrollo apunta al entrenamiento en resolver problemas, memorístico, que no pasa por la comprensión de los mismos. Como dijo Moisés Wassermann hace pocos días al respecto, se asemeja más a las prácticas de adiestramiento de animales dóciles.

Uno de los desastres criollos radica en las pobres competencias matemáticas de nuestros jóvenes. “No es lo mío”, dicen y sienten muchos. ¿Qué son? Razonar en forma matemática, formular, comprender, emplear, interpretar conceptos, datos y procedimientos matemáticos (Schleicher, OCDE). El pensamiento de largo plazo no es posible si individuos y organizaciones carecen de tales competencias. A la vez, a la hora de resolver creativamente problemas, son de inmensa utilidad práctica en la vida profesional de un controlador de vuelos, un conductor de buses, un músico, una vendedora de seguros o un médico que interpreta resultados clínicos.

El protagonista principal es el maestro. Cualquier reforma educativa seria debe pasar por convertirla en la profesión del mayor prestigio; que sean los mejores estudiantes quienes se conviertan en aspirantes a maestros, sólidos pedagogos, dispuestos a la evaluación permanente y bien pagos.

Jack London, el escritor norteamericano de La llamada de la selva, se refería al protagonista de uno de sus cuentos en Alaska (Encender una hoguera): “Su problema consistía en que carecía de imaginación. Era rápido y atento frente a las cosas de la vida… sólo de las cosas y no de su significado”.

La inteligencia de la que los colombianos nos vanagloriamos se parece más a la astucia del personaje de London.

 

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