Educación: de la reactivación a la recuperación económica sostenible

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Sin medidas de “choque”, la reactivación podría demorarse un año.

La reactivación, entendida como retomar la actividad económica paralizada o cancelada por la pandemia, es una cosa. De corto plazo, que básicamente depende de la demanda, de la liquidez y de la confianza de los consumidores acerca de sus ingresos futuros. Es volver a donde estábamos.

La recuperación, entendida como alcanzar el potencial económico que se había perdido antes de la pandemia, es otra cosa. De mediano y largo plazo, que básicamente depende de reformas estructurales de índole institucional. Es, en un sentido específico, no volver a donde estábamos.

La prioridad hoy es la reactivación, pero se aconseja no pensarla desligada de, ni confundirla con, la recuperación. Cualquier iniciativa económica que implique un cambio legal ordinario no clasificaría en el paquete de reactivación.

Explicado con un ejemplo de la educación superior: revertir el incremento de la deserción en instituciones privadas para que contraten de nuevo a profesores en el primer semestre de 2021 y no despidan más personal administrativo. Eso es reactivación.

Si financiar la demanda estudiantil —incluyendo el componente de sostenimiento en las IES estatales— de modo masivo y con nuevas condiciones requiere un cambio legal, el Gobierno puede acudir a facultades extraordinarias para expedir decretos-leyes.

La opinión pública, el Congreso y la Corte Constitucional comprenderían que evitar una crisis de salud pública nos llevó a la mayor recesión de la historia, y que reactivar el empleo y detener una recaída en la pobreza justifican medidas de emergencia.

Tenemos abogados constitucionalistas maravillosos capaces de inventarle al presidente de la República facultades que no tiene, de diseñar fast tracks legislativos y de sustituir la voluntad popular formalmente expresada con pupitrazos del constituyente derivado. Es falta de confianza en sí mismo del Gobierno.

Siguiendo con el ejemplo: la reactivación de la matrícula, del empleo docente y de la ocupación informal asociada (tipo el puesto de El Mandarinazo de la U. de Cartagena, por ejemplo) podría simplemente devolvernos al statu quo de la educación terciaria en función del desarrollo económico o, si sabemos qué reforma necesitamos allí, ayudarnos en una estrategia de “recuperación económica sostenible”.

Sin embargo, no es fácil “implementar intervenciones que respondan a las necesidades de corto plazo, pero que también mantengan un nexo con los desafíos de desarrollo de largo plazo” (Axel van Trotsenburg, Banco Mundial).

El 18 de mayo escribí aquí “Diez ideas para un rol crucial de la educación superior en la recuperación económica y social”, añadiendo que “sin imaginación política y económica no podremos pasar de alivios a estímulos para un crecimiento sostenido”.

El confinamiento se extendió tres meses largos, los estragos se profundizaron y hoy es más difícil alinear reactivación con recuperación. En el caso de la educación, muchas decisiones de 2021-1 se tomarán en el último trimestre de este año. Sin medidas de “choque” casi inmediatas, la reactivación no se dará en seis meses, sino en un año casi, con suerte.

Esta semana asistí a una mesa de trabajo externa virtual de Planeación Nacional para el componente de capital humano de un Conpes de reactivación económica en elaboración. Muy bueno el ejercicio para tiempos normales.

El problema son los plazos para tomar decisiones y emitir las señales correctas y necesarias a los agentes y hogares con miras a la reactivación. Estamos con el tiempo en contra.

@DanielMeraV

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