Por: Eduardo Sarmiento

Educación discriminada

Someter a las universidades a la competencia de países desarrollados se traduciría en una elevación de los costos que reduciría los cupos de las instituciones públicas.

En días pasados el Icetex reveló un ambicioso programa para financiar estudios de posgrado en el exterior. El rector de la Universidad Nacional, en un interesante artículo publicado en El Tiempo, denuncia que, no obstante la congelación de la nómina en los últimos años, la institución dispone de una planta profesoral con un amplio número de doctorados.

Recientemente, apareció la clasificación de Colciencias a los grupos de investigación de las universidades y se encuentra que más de la mitad obtiene la calificación más baja.

Todo esto refleja un esfuerzo para abrir el sector educativo y someterlo a la competencia de las instituciones de los países desarrollados. De hecho, significaría una elevación de los costos que reduciría los cupos de las universidades públicas y elevaría las matrículas de las privadas. La cobertura universitaria, que es una de las más bajas de América Latina, se contraería en cambio de elevar la calidad educativa de un reducido grupo que puede acceder a las universidades públicas o pueden pagar las elevadas matrículas de las universidades privadas prestigiosas. Los estándares educativos del exterior lo lograría un número reducido de profesores y estudiantes y el resto tendría puntajes mediocres que los colocarían en segundo plano.

Lo anterior aparece claramente reflejado en los grupos de investigación de las universidades clasificadas recientemente por Colciencias. Los criterios de clasificación de estos grupos se endurecieron, asignándoles un elevado peso a las publicaciones y reconocimientos internacionales. Al final, resulto que sólo el 10% de los grupos obtiene la calificación de excelencia A y más de la mitad obtiene la calificación más baja: D, deficiente.

Las calificaciones de Colciencias no corresponden a la distribución natural del talento o la inteligencia que aparece en las pruebas más elaboradas de IQ, ICFES para la secundaria y ECAES para la educación superior. También se aparta de la experiencia internacional que revela que las características físicas de las personas, y en un menor grado las mentales, se aproximan a curvas normales en que la mayor parte se encuentra cerca de los valores medios. Estamos ante una extraño mundo en que una minoría tiene condiciones excepcionales y la mayoría deficientes. En realidad, la falencia no está en la educación superior, sino en los criterios de Colciencias que, en aras de imponer requisitos internacionales, terminó deformando la realidad.

La conveniencia de este sistema segregado y discriminatorio ha resultado seriamente cuestionada en las comparaciones internacionales. Los países de América Latina, que se han caracterizado por estructuras educativas de este tipo, en los concursos internacionales obtienen puntajes muy inferiores a los de los países europeos y asiáticos. En general, se encuentra que los mejores desempeños individuales se presentan en los países con menores diferencias entre los extremos, o si se quiere, con más amplio acceso de la población a la formación de calidad.

Durante la era neoliberal se abrió camino la creencia de que la competencia educativa, el establecimiento de estándares internacionales y la libertad plena de matrículas y salarios suministraba las condiciones para que los esfuerzos individuales orientados a obtener lucro condujeran al interés social. La realidad es muy distinta. La competencia beneficia en mayor grado a los estudiantes provenientes de las familias de mayores ingresos y tradición, y propicia toda clase de estímulos para obtener ventajas lesionando a los demás. La educación deja de ser un mecanismo de reducción de desigualdades y se convierte en un factor de discriminación y privilegio.

La manifestación más dramática se observa en Estados Unidos. En la última década la diferencia de salarios entre la mano de obra calificada y no calificada aumentó en forma notable, y la brecha entre trabajadores fabriles y ejecutivos alcanzó dimensiones alarmantes discriminar.

Frente a este fracaso del mercado se plantea la presencia del Estado en la educación pública y en la regulación de las instituciones privadas para propiciar una educación integrada, en la cual los estudiantes de diferentes estratos acudan a las mismas dependencias. La reforma contribuiría inicialmente a elevar el desempeño de los sectores bajos con respecto a los altos, y a la larga significaría una ampliación de la base educativa y el conocimiento que incrementaría el rendimiento escolar de todos los estamentos.

Buscar columnista