Educación en Colombia

En otros tiempos la educación primaria y secundaria colombiana era reconocida por propios y extraños, de alta calidad.

Esta era la razón para que países como Venezuela, Ecuador y Panamá recomendaran a sus ciudadanos los estudios del bachillerato en nuestro país. Eran los tiempos —a diferencia de hoy, que se prefieren estadistas— en que se ponía singular cuidado en el escogimiento del ministro de Educación. Por allí pasaron personas de alta jerarquía intelectual, como Germán Arciniegas, por ejemplo. Por esta razón se decía que el mejor castellano se hablaba en Colombia, lo que hoy no es cierto. Este hecho llegó a ser reconocido hasta por don Miguel de Unamuno, rector de la Universidad de Salamanca en España, durante 30 años.

En el año 2009, al hacer un examen del estado del bachillerato nuestro, a través de lo que se llamó “Las pruebas saber”, arrojó un deplorable resultado. Así, por ejemplo, en el área del lenguaje, el 43% de los estudiantes que terminan, tanto de primaria como de secundaria, alcanzaron un mínimo nivel. Otro tanto se dice de las ciencias naturales y matemáticas. Esto, como dicen los franceses, es “pour épater bourgueois” (para asustar a burgueses) y que el escritor Armando Solano, el autor de la Melancolía de la raza indígena, con toda la sorna que lo caracterizaba tradujo: “para descrestar calentanos”.

Es que con la educación ha aflorado la frivolidad de nuestro actual reino, con pujos de demagogia y populismo. Los últimos ministros de Educación han considerado que su labor está cumplida con aumentar la cobertura de la educación y el pasar a casi todo el mundo al curso siguiente sin más ni más, lo que ha producido un desgreño en la educación y una baja calidad.

Otro problema que se presenta es el hecho de que al estudiante lo atosigan con un mundo de materias que resultan inútiles para la cultura del individuo y que producen menoscabo de lo que debiera ser materias fundamentales. Hay tareas que resultan ser rompecabezas para los estudiantes y para los padres de familia cuando aquellos le solicitan ayuda. Hasta los ponen a resolver crucigramas, como materia del castellano.

Ab omne disce omnes (por uno juzgue a todos) decían los latinos: Todos los años, con motivo del Premio Nobel de Literatura, los profesores de castellano de bachillerato, en vez de enseñarles a los alumnos el análisis gramatical y el análisis lógico, los ponen a consultar la última obra premiada —cuando ni siguiera ha sido traducida al castellano, en el caso de necesitarse— y a hacer un enjuiciamiento de la obra, cosa superior a las fuerzas del estudiante, y aun las de los críticos de literatura.

José Trujillo. Bogotá.

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