Por: Felipe Jánica

Educación hecha a la medida

Cuanto más educación se le brinda a los ciudadanos, mejores resultados sociales y económicos se logran en los países. Y si es así entonces ¿Por qué no nos movemos a una educación selectiva?, es decir una en la que se identifiquen los talentos de los ciudadanos y se potencialicen sus habilidades. Si nos empezamos a poner de acuerdo en este aspecto, seguramente tendremos un mejor futuro. Ahora bien para lograr cambios definitivos hay que empezar desde ya y los resultados se empezarán a notar en los próximos veinte años.

Cuando hablamos de desarrollo económico, tendríamos que hablar de equilibrio entre los tres tipos de bienes de una economía. Lo bienes primarios se refieren a los recursos naturales renovables y no renovables, es decir las materias primas (commodities). Los secundarios se refieren a los derivados de la industria. Los terciarios son los servicios, medios y entretenimientos. Cuando exista un perfecto equilibrio en la producción de un PIB, estaríamos hablando de un neo desarrollo económico. En el caso latinoamericano, la dependencia por los primarios nos ha marcado la tendencia económica y con ello la ausencia de desarrollo. Por supuesto habrán excepciones, pero no son tan significativas para argumentarlas.

Con esto podemos tener una perspectiva de qué es lo que deberían hacer los estados en pro del desarrollo económico. Para poder lograr este equilibrio existe una génesis. Ésta es, sin duda en mi concepto, la educación. Si se concibe una planeación estratégica de un Estado lo primero que hay que pensar es con qué talento contamos. Si se quiere desarrollar la industria, cualquiera que ella sea, se necesita contar con personal calificado y no sólo con profesionales sino con gente talentosa en actividades propias de la industria. He allí el problema, pues conseguir profesionales no es un asunto complicado, pero conseguir un soldador de aluminio calificado es casi que una odisea.

Es por eso que para pensar en un equilibrio de bienes de cara a una economía desarrollada, debemos pensar en lo fundamental. Esto es la educación, pues se necesita más que buenas intenciones para cambiar esta tendencia, se necesita una planeación estratégica que seguramente se denominaría: Reforma estructural. Esta reforma es la que deberían estar promoviendo los estadistas, más allá de los políticos de turno, que con gran sentido estarán pensando sólo en su cuatrienio.

Proponer una reforma estructural, no sólo abarcaría la educación, también tendría en cuenta la promoción de actividades de emprendimiento, ciencia, tecnología y educación. Esta promoción debería planearse y ejecutarse desde edades tempranas. Repensar la educación básica primaria, secundaria, vocacional y técnica, debería ser el caballo de batalla de la reforma. Seguro de ello debería haber una formación especializada en la que se identifiquen los talentos que deberían profesionalizar o tecnificar los ciudadanos del futuro. Es decir una educación que identifique talentos y los especialice en el tiempo en lugar de ponerlos a todos en la misma página. Claro está habrán temas compartidos y de formación básica que habrá que enfatizar.

Así las cosas, es necesario que se empiece a pensar en soluciones de fondo. Una de ellas es empezar por pensar que cualquier planeación estratégica va a llevar varios años, y si hablamos de la educación más de cinco cuatrienios serán necesarios. Es por eso que los ciudadanos de a pie deberíamos estar exigiendo reformas como estas y que además vayan en contra de sus aspiraciones políticas de corto plazo y más bien ayudar a persuadirlos para que de una vez por todas piensen en un país mejor para sus nietos o los hijos de sus nietos.

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