Por: Columnista invitado

Educación, una fábrica de destilación social

*Jose Darwin Lenis Mejía 

Históricamente el sistema educativo colombiano ha operado de forma similar a como funciona un sistema industrial de destilación por goteo, donde  gota a gota un producto líquido pasa por una serie de etapas o filtros de diferentes características hasta lograr la calidad requerida por el fabricante. En Colombia, el proceso educativo tiene el mismo propósito, actúa como destilador del conocimiento y por consiguiente margina principalmente a los estudiantes más vulnerables, aquellos que no cuentan con las condiciones mínimas para estudiar y que terminan por distintas situaciones en fracaso escolar al desertar de la escuela o no lograr adquirir las competencias académicas exigidas en el estándar internacional orientado por la banca mundial a través de la OCDE.

Desde la misma oferta en, programas, costos, pruebas, horarios y otras condiciones el sistema depura y excluye a los más pobres. Separando continuamente competentes, de incompetentes, hasta dejar para el final, los más refinados, cualificados y eficientes. Dicho de otra forma, el sistema escolar colombiano dispone intencionalmente los mejores ambientes, contextos y circunstancias solo para quienes tienen el medio socio económico de acceso a una educación de calidad previamente determinada. Hacer parte de esta calidad educativa, es un exclusivo privilegio de un poco más del 4% de la población que en Colombia llega según DANE a casi 49,5 millones de habitantes.

Al revisar críticamente la organización y las realidades educativas en el país, se ve claramente como en los primeros años de estudios el número de estudiantes matriculados es alto, mientras al entrar al bachillerato la permanencia disminuye drásticamente. Cifras de Mineducación reportan un porcentaje de retención en primaria del 96%, mientras que en secundaria apenas alcanza el 67%. Es decir,  en la primaria el filtro es generoso, opera en forma de zaranda con agujeros grandes donde todo pasa y poco se queda. Ya en la educación básica secundaria y la media se instalan una serie de dispositivos “purificantes” que poco a poco como coladores más sensibles seleccionan mejor las competencias de estudiantes que van a estudios superiores, van a trabajar, o simplemente ni trabajaran, ni estudiaran. Peor aún es en la educación superior, la situación de deserción universitaria y postgradual es aterradora.

En este nivel el colador o tamiz es mucho más refinado, selectivo y desagregador porque filtra hasta los más finos detalles educativos, intensificándose la exclusión basada en los conceptos “excelencia y calidad educativa” entendidos desde las competencias específicas de saber hacer, saber conocer, saber expresar y saber ser con las cuales el grupo seleccionado puede acceder a un mayor capital cultural en bienes y servicios. Según el SPADIES 2016, la tasa de deserción universitaria es de 46,1%  cuyo factor principal radica en las bajas competencias académicas, en aspectos tales como leer comprensivamente, argumentar, escribir, inferir, analizar, interpretar, estimar, proponer o pensar críticamente. Criterios que, para quienes los apropian  definen a posteriori un mayor estatus en calidad de vida, empleabilidad, recreación o garantías en derechos humanos y sociales. 

Comparativamente la tasa de desempleo de egresados universitario esta cerca del 20%, mientras para toda la población según DANE, hoy el desempleo llega a 9,1%. Claro está, que aquí se incluyen como empleados los trabajadores de sectores informales o todos aquellos que generen un ingreso que le permita la subsistencia básica.

Contrastando estos datos estadísticos con el refinado sistema colombiano de destilación académica, los estudiantes educados para asumir las altas gerencias se fabrican principalmente en exclusivos colegios y universidades privadas según lo indican los resultados de las pruebas Saber 11°, Saber Pro y los análisis de empleabilidad de egresados. Por lo general los egresados de la Universidad de los Andes en Bogotá, EAFIT en Medellín, del Norte en Barranquilla o ICESI en Cali, se emplean en grandes empresas nacionales, multinacionales o cargos públicos de alta responsabilidad; mientras los egresados de las universidades públicas tienen menos posibilidades de liderar estos mismos espacios.

Es totalmente cierto, que las condiciones en ambientes escolares, materiales de apoyo, calidad de profesores, alimentación o acceso a bienes culturales influyen muchísimo en potenciar las capacidades, talentos e inteligencia de los estudiantes e igualmente marcan la tendencia de su posicionamiento exitoso y de futuro social.

A pesar de que la Ministra de Educación, Yaneth Giha, diga lo contrario, desde el mismo diseño estructural y de funcionamiento, el sistema educativo es inequitativo y excluyente con los más pobres. Las primeras marcas de lo que será el futuro en condiciones de vida las determinan el lugar de nacimiento y la situación sociales de la familia a la que se pertenece. Por ello, tiene gran valor el programa nacional Ser Pilo Paga que hoy atiende a 31940 estudiantes de estratos 1,2 o 3 cuyos destacados desempeños en la prueba saber 11° les han permitido obtener estas becas créditos condonables. Programa que finalmente, requiere ampliarse o generar estrategias complementarias para fortalecer su cobertura o por qué no pensar en ofrecer gratuidad en el nivel técnico profesional para todos los jóvenes que egresan de los colegios públicos y privados de estratos populares.

Congresistas y ministra Giha, invocar la realización de una gran constituyente educativa, es una vía para decidir la educación como derecho fundamental para todos-as. Es equivocado seguir construyendo planes decenales como el actual 2016-2026 “El camino hacia la calidad y equidad” porque ya se sabe que su aplicación en el territorio nacional es discrecional y su complimiento un mero lineamiento de política educativa. No más educación destilada/segregada o planes simplemente indicativos, Colombia necesita  iniciar la gratuidad gradual en la educación superior y definir el derecho a la educación como bien común y principio fundamental en el mejoramiento de la calidad de vida de la población. 

 

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