17 Apr 2021 - 3:00 a. m.

Educación virtual y temores reales

Siguen divididas las opiniones sobre el regreso a clases en la modalidad de alternancia. El Gobierno y los empresarios son partidarios de la presencialidad. Y los estudiantes, que están hasta el cogote del «calor del hogar». El 80 % de los padres de familia, en cambio, prefieren que sus hijos sigan en la virtualidad, que les produce seguridad y les genera menos gastos.

Fecode considera «irresponsable» la presencialidad ahora, «a las puertas del tercer pico», con un proceso de vacunación lento, incertidumbre sobre los riesgos de contagio, instalaciones educativas sin elementos de bioseguridad y circulares sin una reglamentación clara sobre quién asumiría las responsabilidades civiles, penales y disciplinarias que se deriven de una presencialidad «precipitada e inconveniente».

El dato ¡plop!: en la pomposa Colombia-OCDE del siglo XXI, el 26 % de los colegios públicos no tienen agua potable (casi todas las cifras de esta columna son tomadas de La Pulla de El Espectador, febrero 11 de 2021).

Las dos terceras partes de los estudiantes no tienen acceso a internet fijo en sus casas; la conectividad en las ciudades es del 46 % y en el campo, del 6 %; de los 2’300.000 estudiantes rurales, solo el 17 % tienen internet y computador; en las ciudades, el porcentaje es de 66 % en los colegios públicos pero solo la mitad tiene buena señal de internet, mientras que en los colegios privados el 94 % de los estudiantes tienen computador propio y ocho de cada diez tienen buena conexión.

Los colegios oficiales invirtieron $8 millones en promedio en tecnología en 2020. El Colegio Rochester, en Chía, invirtió $400 millones.

Oigan esto: solo un 25,6 % de los estudiantes colombianos han recibido clases en línea. Y esto: en plena Bogotá, la más «Ocdísima» de nuestras ciudades, el 80 % de los colegios públicos trabajan por wasap y fotocopias. Se calcula que la calidad de la educación virtual ha bajado por lo menos 30 puntos con respecto a los niveles de la educación presencial en 2019, que ya era precaria.

Según el Instituto Colombiano de Neurociencias, el 42 % de los estudiantes presentaron falencias agudas en sus habilidades académicas; el 88 %, problemas de salud y comportamiento en 2020 (ignoro las cifras de 2019), y 102.880 estudiantes desertaron, un aumento del 113 % con respecto a 2019.

Sin desconocer el peso de estas cifras ni los temores de los padres ni los riesgos del contagio, soy partidario del regreso a las aulas por dos razones: uno, todo parece indicar que la pandemia va para largo; y dos, la educación virtual es demasiado… virtual, en el sentido gaseoso de la palabra.

Nota. En vista de las crecientes cifras de contagios, Medellín, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga y Villavicencio han suspendido el modelo de alternancia escolar. Cali lo mantiene. La Secretaría de Educación de Bogotá informó el miércoles que en una muestra de 3.286 pruebas PCR tomadas en tres colegios oficiales, 72 fueron positivas, un 2,4 %. De inmediato la Secretaría suspendió las clases presenciales durante 14 días en estos colegios y ordenó hacerles seguimiento a todos los estudiantes y sus familias. Se ignora dónde pudieron contagiarse.

Quizá lo mejor sea un regreso a clases presenciales con dos salvedades: mantener abierta la opción de la virtualidad; los estudiantes que vivan con parientes que tengan comorbilidades deben abstenerse de ir al colegio.

Nota final. ¿Será mucho pedir que el Gobierno trabaje en mejorar la dotación tecnológica y la conectividad en los hogares colombianos? Sí, es mucho pedirle. El presidente quiere jugar a los soldaditos y anda loco por comprar aviones militares.

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