Por: Nicolás Rodríguez

Educar a los padres

Si tanto les interesa proteger a los niños, como es frecuente oír entre padres, políticos y analistas, no queda sino celebrar la sentencia de la Corte Constitucional que tumba el artículo del Código de Policía que prohibía el consumo de drogas y alcohol en el espacio público.

Lo contrario era permitir que la policía persiguiera y hostigara consumidores: una receta para posponer el debate de fondo sobre la salud y generarles de paso problemas de seguridad a los jóvenes.

Gracias a la adulta intervención de la Corte Constitucional, quizás se animen los políticos menos demagogos a profundizar en una verdadera política de drogas que priorice la reducción del riesgo. En vez de insistir en la abstinencia completa, uno que otro padre preocupado podría agradecer un enfoque más humano y realista.

“A mí lo que me motiva es la defensa de la familia”: eso dijo el presidente Iván Duque en su cansado discurso de aceptación a regañadientes. La familia y por supuesto los niños son la base de toda la argumentación, sin evidencias que respalden una sola de las obsesiones prohibicionistas del uribismo.

En vez de legislar desde los niños, sería conveniente empezar a educar a los papás.

El propio Uribe fue más lejos: a las calles, dijo, salgan todos a las calles; “lo único que no pudo quitarnos el gobierno anterior fue la calle, que es nuestro campo de batalla”: un trino de enmarcar, en el que en nombre de los niños el caudillo ve la oportunidad de incurrir en la organización de masas.

No es fácil abogar por un cambio cuando el centro de las miradas de los sobreactuados opositores son los niños. Los niños son la razón de fondo para justificar abusos policivos y prejuicios. Ahora los niños hasta permiten lanzarle pullas al gobierno anterior y organizar marchas.

Arrancaron con que pobrecitos los niños y terminaron en que llegó la hora de refundar el país…

 

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