Por: Felipe Jánica

Eficiencia operativa y estrategia: la eterna confusión

Sin duda, cuanto más se controlan los costos y gastos más o mejores resultados se obtienen. Administrar el capital de trabajo de las compañías y de los Estados es quizá también estratégico en la ejecución de objetivos. Tanto en el capital de trabajo como en la administración de costos y gastos está la clave de la eficiencia operativa. Sin embargo, lograr diferenciar entre la eficiencia operativa y la visión estratégica de las compañías o de los Estados es quizá el desafío más importante de los líderes actuales.

Administrar la operación es una de las actividades de corto plazo que si no se hace eficiente y eficazmente podría conducir a las empresas y a los Estados a tener urgencias evitables. La ausencia de capital de trabajo puede llevar a las organizaciones a una presión motivante para toma de decisiones equívocas. La audacia de los administradores en este aspecto es tal que no pueden descuidar ningún aspecto por más que se considere irrelevante. Con esto se puede estar desenfocando la atención en la estrategia, es decir la de largo plazo, de la compañía. Lo mismo sucede con los Estados. Cuanto más se preocupan por decisiones corto placistas, más posibilidad existe en desviar su atención en las decisiones estructurales.

La administración de costos y gastos es sin duda parte de la eficiencia operativa. Es decir que cuanto más y mejor se administren los costos y los gastos de las compañías y de los Estados, mejores márgenes se obtienen. Con esto podrían reinvertirse recursos en la compañía y en los Estados y de paso maximizar los recursos financieros, es decir el capital de trabajo. Lograr un equilibrio en la medida perfecta de costos y gastos y el retorno de inversión es otra de las habilidades clave de los administradores. Si se logra reducir costos y gastos sin que éstos vayan en contra de la generación de retornos, estaremos al frente de una eficiencia operativa.

Uno de los asuntos que aqueja a las organizaciones (compañías y Estados) es que cuando hay momentos desafortunados en la economía y en los negocios, los primeros que resultan afectados son los empleados. Los primeros recortes que se estilan son los de la nómina. Para quienes tienen la idea de que la nómina es uno de los principales aceleradores de las crisis están en lo correcto. Pero no por su costos y gasto asociado, sino porque al no mantener perdurable el talento humano en las organizaciones, más posibilidades existen de que las crisis en las organizaciones se prolonguen. La clave entonces está en saber identificar cuáles son los costos y gastos que realmente no generan o añaden valor a las organizaciones, pues no necesariamente es la nómina. Lo importante en esto es saber identificarlo a tiempo, es decir no cuando existan momentos de crisis o de desaceleración o recesión económica. Anticiparse a estos momentos, predecibles además, es quizá una de las habilidades más exiguas de los líderes modernos.

Es por esto que existe la eterna confusión entre la eficiencia operativa y la estrategia. La primera no es más que hacer que las organizaciones funcionen bien, independiente de los factores externos. Cuanto mejor se administre la operación más eficiencia se tendrá. Por otro lado, la estrategia de las organizaciones tiene embebida la eficiencia operativa. Por lo tanto, no se pueden descuidar los objetivos de mediano y de largo plazo, pues cuanto más energía se consuma sólo en el corto plazo, más posibilidades existen de que se pierda el rumbo de las organizaciones. Lograr equilibrar esta eterna confusión conllevará a las organizaciones por caminos de prosperidad, pero lo más importante, se combate el estrés propio del corto plazo.

Para tener una estrategia que conduzca al logro de los objetivos de las organizaciones, es necesario que se tenga claro que la piedra angular de toda estrategia debe ser la generación de ingresos, es decir, las ventas. Ahora bien, la clave para tener una buena eficiencia operativa está en saber negociar con los clientes. Al momento de vender hay que tener en cuenta que si no se negocia bien conllevará a una mala eficiencia operativa, pues si los cobros no se hacen en el ciclo operativo por una mala negociación, lo más seguro es que existan problemas de caja.

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