Por: José Fernando Isaza

Einstein superstar

EL CIENTÍFICO MÁS IMPORTANTE del siglo XX y el más popular fue Albert Einstein.

Trabajó en campos que no sólo interesan a los científicos, el tiempo, el espacio, y trató de responder a las eternas preguntas de la humanidad: ¿Cómo se originó el universo? ¿Quién diseñó las leyes que gobiernan su evolución? ¿Existe el determinismo? ¿Puede conciliarse la creencia en un dios que interviene en la historia con el pensamiento científico?

Una de las desilusiones que se tienen cuando se van a buscar en la Universidad de Princeton las huellas de Einstein es la dificultad para encontrar la casa donde vivió y su oficina de profesor. Muchos de los profesores y estudiantes miran sorprendidos y dicen que claro que allí vivió Einstein, pero no conocen el sitio. Se esperaría todo un sistema de señalización que guíe al interesado. Pasando una calle al frente de Princeton hay un almacén de souvenires y al fondo un “Museo de Einstein” que consta de unas pocas fotocopias y fotos.

A pocos kilómetros de Princeton está Trenton, donde Gödel, teniendo como testigos a Newmann y Einstein, juró la ciudadanía norteamericana. El viaje entre los dos sitios en un carro manejado por Newmann es posiblemente el lugar donde se concentró la mayor inteligencia por metro cuadrado del siglo XX.

En Cambridge, cualquiera indica dónde Newton dictó sus conferencias como profesor Lucasiano. En la abadía de Westminster lo primero que se ve es la tumba de Newton.

Kepler postuló que los planetas giran en órbitas elípticas y el Sol es uno de los focos, Newton demuestra que su ley de la gravitación universal explica la forma de las trayectorias, pero no logra formular una hipótesis clara del por qué un cuerpo celeste siente la fuerza de otro sin un medio físico que la transmita. Einstein en su teoría de la relatividad general ofrece una explicación coherente, las masas deforman el espacio, lo curvan y esa curvatura afecta el estado de reposo o movimiento rectilíneo de los cuerpos celestes.

Desde hace unas semanas se exhibe en Bogotá la exposición de Einstein. Es aceptablemente completa, con buenas copias facsimilares de sus más importantes trabajos; en forma didáctica responde a preguntas y destruye mitos. Uno de estos, favorito de los malos estudiantes, es afirmar que Einstein era uno de ellos. Lo que ocurre es que el sistema de calificar era de 0 a 6, y en ciencias obtuvo 6. Otro es que participó en la construcción de la bomba atómica. Nunca le fue ofrecido participar en el proyecto Manhattan, pues su espíritu libre lo hizo sospechoso. Einstein no rechazó la teoría cuántica, de hecho, el Nobel lo recibe por el efecto fotoeléctrico; rechazó sí, la interpretación probabilística.

Es de destacar, en la exposición, la explicación didáctica de la variación del tiempo con la velocidad, con un poco más de ayuda visual podría explicar una de las más elusivas paradojas de la relatividad especial, la de los mellizos: uno envejece menos si hace a una gran velocidad un viaje interplanetario.

Hay una sala del período macartista. En éste se perseguía a cualquiera que profesara ideas diferentes a la doctrina oficial. Einstein y sus amigos no fueron la excepción. Es un llamado para recordar a los extremos que llegan gobiernos cuando anteponen doctrinas de seguridad a los derechos humanos.

 

 

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